Pesco...




Pesco... porque me contó un viejo pescador de almas que la pesca, es un hacer de los hombres buenos. Y lo quiero ser.


Pesco porque me encuentro con Dios en cada recodo, en la paz, en la soledad, en el agua que corre y sólo se detiene para saciar mi sed. Para emborracharme de sueños.

Pesco como rebelión ante un mundo convulsionado, triste y mentiroso... que asfixia. Secándome la garganta con su odio y su hiel.  

Pesco lejos de todos, en lugares lindos, aunque no pesque. Muy lejos de lugares feos, donde pescan todos aunque pesque.

Pesco con uno o dos amigos. Eso es suficiente. Más... ahuyentarían la magia y los duendes, que me muestran muy temprano donde están las mejores truchas, para luego bañarse en los remansos y tomar sol en las correderas. 

Si…más de dos, rompen el silencio y no me permitirían sentir los sonidos del agua en cada piedra, o el salto de los peces mosqueando en los albores, o el trotar de las correderas en las veguitas, o el paso de los cauquenes nadando entre los juncos, o el chasquido de los besos de los sauces a las champas escondidos en su sombra.

Pesco sin competencia,  sin revancha, sin apuro, sin envidia…sin la necesidad de pescar.














Pesco porque en la naturaleza me encuentro con el Creador y me hace feliz. 

Pesco porque al finalizar la jornada el fuego, crepita tibio y perfumado, el asado es más sabroso, el vino es más rico y abundante y mis amigos más divertidos y puros.

No pesco para llenar mi bolso de peces,  sino para llenarlo de paisajes nuevos, para llenarlo del cariño de mis amigos, para llenarlo de paz, de encanto de duende.

Pesco para pescar el hombre bueno que tenemos adentro. Pesco para encontrarme conmigo mismo.

Pesco para encontrarme con Dios. END



Autor:Jorge Aguilar Rech.

Fotografía: Pablo Matthews/Jorge Aguilar Rech
Dedicado: A mis amigos y a ese amigo perdido del alma...
BROWN TROUT ARGENTINA
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