Tarariras. El Wolf Fish argentino.

Como primera incursión en la pesca con mosca de este pez, el Hoplia Malabaricus, elegimos como destino la Provincia de Córdoba, en el centro de la República Argentina, en el dique Cruz del Eje. Lugar relativamente cercano a Mendoza y tiene tarariras de portes y personalidades interesantes.

Me prepare, atando algunos poppers y otros patrones de media profundidad; los cuales, con línea de flote, me ayudarían a llegar a los lugares donde podría encontrarlos. Su alimentación en este dique fundamentalmente consiste en mojarras, pejerreyes y batracios.


Cuando llegamos al Dique, el guía nos indicó que habían tenido muchas lluvias los días anteriores y el agua había bajado su temperatura, también estaba empezando la época de desove, lo cual podía bajar la actividad de la Tarucha, o Tararira. Arme la caña #5 acción rápida con línea WF6f para poder lanzar los Poppers en anzuelo 3/0.

Los primeros piques se dieron a las 9 a.m. en otras modalidades. Yo rápidamente cambié de los poppers, a una mojara a media agua con la línea de flote, después de un tiempo ya tuve mis primeros toques a orillas de las camas de algas, los cuales no podía concretar ya que se me hacía complicado clavarlas.


La tararira, es un pez muy agresivo, voraz, caza al acecho ayudado de su camuflaje. Después de ser clavado entrega una pelea potente con saltos acrobáticos, busca la vegetación y troncos para poder zafar del anzuelo, eso lo hace una pesca muy entretenida por lo cual uno debe estar muy atento a la pelea para poder concretar la pieza.


Me llamó mucho la atención, caminando por la orilla encontrar tarariras de gran porte estacionadas en claros de las algas. el guía nos indicó que estaban cuidando sus nidadas y que esas no iban a picar, efectivamente fue así. No se movían ni atacaban, tampoco temían de nuestra presencia. Es un pez depredador territorial lo cual en este dique lo sitúa en el punto más alto de la pirámide.


Los lanzamientos los realizaban paralelos a la costa a unos 15 metros y contra las camas de algas, ya que son los lugares donde la tararira se pone al asecho para emboscar a los pejerreyes que merodean la laguna.


La pesca fue más fructífera en todos los brazos o ensenadas de la laguna donde existía gran cantidad de algas, con moscas de media agua con ojos de plomo, los cuales hacia que la mosca con los tirones de la recogida, describiera un nado en zigzag vertical.


Como conclusión de esta primera incursión en la pesca del  este pez lobo argentino, puedo decir que la mosca es efectiva y tremendamente entretenida ya que la pelea es franca, poderosa y larga, lo que hace difícil cobrar la pieza. Es una pesca que repetiremos en un futuro cercano, por su calidad y cantidad. END


Autor: Anibal Espronceda
Fotógrafo: Anibal Espronceda
Edicion Literaria: Jorge Aguilar Rech
Edicion Fotográfica: Jorge Aguilar Rech
BROWN TROUT ARGENTINA
Todos los Derechos Reservados
Copyright 2.017









El Pircas que arde.

Un sueño inconcluso. Un grito de libertad de muchos, que aún resuena en mis venas, en mis batallas diarias y deseos de justicia.

Un arroyo perfecto, nacido en las entrañas de la Pacha Mama.  En las verdes vegas que son la placenta guardiana de su origen en el útero Campanario.  Arroyo que acuna, entre millares de pozones diminutos, a las últimas Fontinallis de arroyo, en la Provincia de Mendoza, República en Argentina.

Pescarlo en estas condiciones... atiborrado de alambradas, es por lejos incómodo. Un extraño sentimiento de angustia me anuda el estómago. Rodeado de las miradas de los arrebatadores, mas prepotentes que leídos, arengados por malditos proxenetas de tribunales que se hallan ahogados en expedientes jurídicos, dinero sucio y burocracia taimada,  mas que en el cumplimiento de las normas pactadas por todos. Esas mismas que nos hacen verdaderamente iguales. Cuan esclavo se puede ser siendo libre.


Nos paramos en la puerta de la casa de madera, al costado de la Ruta Provincial 94, como extraños conocidos. Intentando simular que no pasaba nada. Los caballos listos y el baqueano presto a la partida, armaba a la yegua carguera. Callados como tumbas, la brisa nos zumba en las orejas. Nos inundan los sueños de truchas y tal vez... los de libertad.

Comenzamos a adentrarnos en la Estancia entre caseríos y alambres mas atrevidos que legales.  Las rosas mosquetas nos arañaban el andar mientras las brisas se iban perfumando a yuyos materos. Como interpretar a la zarza malvada, a la maldita rosa, si nos cierra el arroyo al igual que las alambradas. Un metejón de sostenernos el paso impetuoso, el de las ansias de descubrir el lugar perfecto para pescar a nuestra trucha soñada.  Tal vez, sea tan injusto como injuriosa mi observación calificativa. Tal vez, el yuyo... sea solo como la madre y su crío, cuidando los mejores reservorios de peces. Para mantenerlos inmaculados ante tanta irresponsabilidad, ante tanta ignorancia.

Hijuelas del arroyo cruzaban el andar como gajos del mismo agua. Los metros de huella se sumaban tanto adelante como hacia arriba. Pasábamos caseríos abandonados, arboledas y corrales despoblados para adentrarnos a las quebradas del arroyo.

Veinte minutos mas adelante, pasábamos por la Quebrada de las Mulas y el pasillo se ponía cada vez más cerrado, y se ponía lenta la cabalgata. A estas alturas,a  más de 2.000 m.s.n.m, la altura se siente apenas en el aire. Tal vez... alguna puna atrevida se ve recompensada con  la vista directa al majestuoso Cerro El Plata, al norte lejano. La brisa fresca y permanente hacían abundante el aire.

Miles de pasos de pausados caballos para llegar a la estructura perfecta. Momento donde nos detuvimos. Despegados de la montura, bajamos los huesos doloridos,  las cañas y las botas. Los caballos ensillados seguirían más adelante, con el baqueano y la carga, esperándonos para el prometido asado. Hermano y amigo quien clavaría un delicado corte al palo de Rosa Mosqueta. La mas exquisita carne de novillito argentino, asada a la usanza. También, sabio regador de las mismas, con vinos de estirpe sincera, de esos que abren el alma, a los que se entregan al ritual del asado.


Preparamos las varas... en mi caso, mi irreemplazable y magnifica amiga Notoperla de bambú. Mi vara de pasto, de la misma estirpe del lugar. De 9 pies de largo y de carácter full flex.  Hija de la misma madera de nuestra tierra... franco bambú, perfecto,sensible y sutil. Creada por el rodmaker Pablo Capllonch. Las carbonadas, no superarían el #3 y compartirían carácter.

Tippet delicado como cabello de dama, ataría mi Pheasant Tail Red Ribbet en alambre #16. Apenas vinculadas al delicado fluorocarbón, serian profanadoras de cada bolsillo y corredera del arroyo. Como espías, mentirosas, engañadoras, implacables y terribles, intentarían imitar a las Ephemeras del lugar, desprendidas accidentalmente de algún fondo de canto rodado.

Bajaba en decena de actos, la minúscula mosca por cada corredera, por desvanecidas burbujas y profundizaban hacia los negros ocres del lecho. Acto de entrega de las brooks... de las fontinallis, que se prendían a mi engaño. Ignotas y perfectamente camufladas con el lecho, solo sus líneas blancas que definían sus aletas, hacían notar su presencia. Boca abierta de igual tono, contrastaban con el fondo y disparaban en mí, la acción de clavada inmediata. Profundas huidas se declaraban ante mi innegable jugada. Intentaban refugiarse, huir o desprenderse de tal aguja emplumada. Pero era inútil, el engaño había clavado el anzuelo firmemente. Luego se tomarlas en mis manos y casi sin sacarla del agua cristalina, retornaba a su guarida ocre. A partir de ahí, mi espíritu muta, entre satisfacción, regocijo y entro aun más, en un estado especial de conexión profunda.

Más adelante, las rosas mosqueta se cerraban mas. Pero nuestro ímpetu, superaba toda baya vegetal. En un reducido recoveco, solo un cast de arco, inventado por el maestro Mortensen, posicionaba a la mosca en el lugar exacto. Una boca blanca se abalanzaba sobre el minúsculo engaño. Se retorcía y el músculo declaraba un splash único y afónico, típico de las gordas. Así fue declarada la batalla descomunal en el estrecho espacio. Las fuerzas doblegaban al máximo la vara de bambú Los segundos se elongaban y parecían horas. El tippet renovaba la alianza entre los delicados nudos y resistía el embate. Segundos adelante, acunada por una lama verde, la tomaría entre mis manos, para observarla, y devolverla al agua.

En estos arroyos minúsculos, las escalas son distintas.  Contarlas... aún pesarlas, me parecería obsceno, inadecuado para alguien que considera a la pesca con mosca un arte. Solo se que cada una de ellas fue especial... única e irrepetible.


Que extraña necesidad de comprenderla, de contactarla y observar... un acto perfecto en el camino de la búsqueda de respuestas. Su mundo de agua, sus brillos, colores e instintos. Que torpe acto en mío, el que he llamado pesca, de clavar un anzuelo par tal fin. END

Autor: Jorge Aguilar Rech.
Fotografía: Jorge Aguilar Rech.
Edición fotográfica: Pablo Aguilar Rech para PeixAR filmmakers.
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Especial agradecimiento a la FUNDACIÓN AGUAS LIBRES, Altos Andes Flyfishing. Irigoyen Fly Shop y Sur Outfitters Flyfishing Experiences.






La esencia, en tiempo de neurosis.

Todo se resumiría en el simple término... la pesca por la pesca en sí. Apropiarnos de tantos peces como pueda, en el menor tiempo posible. Para devolverlos uno a uno. Solo así, mi ego estaría satisfecho. Una suerte de bulímicos de la pesca con mosca?.

Entonces, que nos diferenciaría del plomo de los aparejos, de la carne de los anzuelos niquelados y del zumbido metálico de la cuchara amorfa? 


Que nos diferenciaría de la obtención de uno, diez o sesenta animales... impactados con ningún fin. Cual sería la escencia buscada en pescar con una suerte de  espinel de moscas en en pro de la mayor cantidad de peces engañados, abandonando por ende, la perfección de la deriva, el cast, el atado impresionista... para habilitar la época de las boleadores emplumadas?.

Pues entonces... estaríamos en el presente, adhiriendo casi por curiosidad, casi por manejar una técnica más... al uso de esta herramienta que persigue el número, la cantidad, la eficacia del rendimiento. Se aleja de todo concepto ético, bello y equilibrado que persigue la pesca con mosca. Es mas un cálculo que una obra de arte. Es el fast food contrapuesto a la exquisitez del gourmet


La pesca profesada, desde éstos hispánicos hemisferios, mas políticamente correcta, y conocida como la pesca al hilo o a la tensión, si el termino les agrada mas aún, es por ende un despropósito. Un espejito de color traído por estos lados unos quinientos años despues. Lo funesto... es saber que se persigue al igual que en esos años al vil metal. Lo mas sagrado de nuestro patrimonio ictio. La calidad de nuestras truchas.  Se halla inundada de sinrazones y es carente de sustento conceptual por estas aguas. Hablamos de cantidad de truchas?. En el escenario local, la presa es el pescador mismo y como efecto colateral y calamitoso, nuestra población de truchas. 

Donde habrá quedado hoy por hoy... para estos embajadores y voceros de la sinrazón, la escencia de un tiro perfecto, una deriva natural, un hundimiento metódico. Donde hallaremos a la mosca autóctona, si se profesa cual pop art, las réplicas del ejército coreano de Kim Jong Un esmaltado, centenares de perdigones idénticos e infinitamente repetidas. En donde quedaron esas escuelas que profesaban la precisión, el respeto al pez, las moscas bellas, el límite del juego entre el animal y el hombre, la ética y el equilibrio justo?. 

Inspiración chata del pintor de brocha gorda, quien se afana en  pintar muchos metros para que rinda su día de trabajo. En contraposición de la escencia, que configura respeto, equilibrio, arte, perspectiva, ética y búsqueda.


Que mas vendrá en pro de las nuevas tendencias totalmente inadecuadas para éste hemisferio, y mucho menos para nuestra truchas salvajes? Técnicas creadas en lugares donde el recurso del salmónido, esta totalmente censado, administrado y el efecto de diezmar una poblacion de truchas en pro a proclamar a un campeón de pesca, solo impacta hasta la temporada entrante? .

Cuanto tiempo resta, en este camino optado por algunos, para aniquilar nuestros ambientes y  pescar en acuarios armados, de los cuales hoy ya existen en Mendoza y Argentina?

Prefiero pescar con mosca. No algo parecido. Mis moscas y mi pesca vivirán en la esencia, en el arte, en el conflicto, en la renuncia, en la humildad, en la búsqueda. Elijo la escencia,  elijo honrar al pez y no al tamaño ni a la actitud por fish. Elijo a mi trucha en igualdad de condiciones, elijo jugar limpio. Elijo pescar dos, tres o ninguna. Elijo no poseerte, evitando la bulimia conceptual en la que se involucran algunos. END


Autor: Jorge Aguilar Rech.
Edicion: Marcela Villar/Pablo Aguilar Rech
Fotografía: Pablo Aguilar Rech y Chris Lessway.
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