La escencia...

Consideramos al relato de una experiencia de pesca con mosca, como algo extremadamente sensorial. Desde lo visual y literario, cada salida de pesca se expresa libre de egoísmos, despojados de los espejismos de las recetas y con la permanente e inefable búsqueda de lo bueno, lo puro y perfecto.

La vieja del Arroyo

Pescar en sitios prístinos es algo único. Lejos de lo mundano, lo cotidiano, lo tan humano. Es ahí... donde la flora y la fauna encuentra su sitio. Es ahí donde las truchas del arroyo pueden desarrollarse lejos de la depredación y la contaminación. Es justo ahí, donde el arroyo se permite desarrollar los especímenes mas grandes y regalarle la providencia del valioso tiempo... convertirlos en viejos.

Comenzamos el día diciembre muy temprano. Apenas la noche se desprendía de las sombras dando lugar a las primeras siluetas tornasoladas de la luz matutina. Tres amigos... querían  pescar donde pocos habían llegado. Así me dispuse a guiarlos a lo mas recóndito del arroyo. Donde hacía unos meses había explorado con mi equipo y había relevado truchas enormes.

Un corto viaje, de esos que la charla entre pescadores puede experimentar, nos ponía entre caminos enmarcados entre viñedos, arboledas  de tilos y álamos  que conformaban paisajes perfectos. Los caballos listos para la partida recibían al grupo de mosqueros. Entre pequeñas huellas marcadas cabalgamos tres horas bajo un cielo perfecto y un sol abrasador. Pintado para nosotros, solo como la Pacha Mama lo puede hacer en mis cielos andinos. 


Sedientos y  adormecidos por el trayecto, llegamos al páramo apenas visitado por personas. Habíamos pasado tranqueras, alambrados y nos habíamos abierto paso por monte virgen y espinoso a valor de machete. La media mañana nos animaba a recomponer el cuerpo y a preparar el equipo para una de las jornadas de pesca mas especiales que se puedan vivir en un arroyo andino. Una tarde de secas, ninfas y técnicas modernas de tensión.

Los clastos del arroyo nos mostraban una gran cantidad, variedad y calidad de comida excepcional.  Ephemeropteras de unos 5 milímetros, Plecópteros en abundancia. En el aire langostas, caddis y tábanos. La temperatura rondaba los 28 Cº en el aire y en el agua  12º C. Un arroyo estructurado y con el nivel, la inclinación y velocidad perfectas.  La presión atmosférica estable.  Todo me decía que iba a ser una gran jornada de pesca, de esas que no tienen comparación y son un hito en las historias de pesca de cada uno de nosotros. 

Armamos equipos muy livianos entre #2 y #3 con líderes de 9 pies y delicados tippets de fluorocarbón #6. Nuestras moscas en dos equipos serían Pheasant Tail en anzuelo #16 y Hare Ear en alambre 18. El tercer equipo, Fernando lo trabajaría a tensión con una mosca tungsteno en el extremo del tippet y una ninfa de Ephemera.  Comenzamos las tareas con ninfas, trayendo algunas capturas de Fontinallis medianas. Muy combativas y evidentemente sanas. 


Estaba bien la tasa de capturas, pero no era ni lo próximo a lo que había testeado hace unos meses.  Continuamente corroborando cambios en el ambiente, como luz, temperatura y profundidad cambiamos de estrategia y atamos en el leader una Prince Tungsten Beads Head en anzuelo #16.  Metros más arriba y trabajando la ninfa un poco mas profundo y en emergencia rio abajo, los tamaños mejoraron sustancialmente. El sensible ajuste fue la diferencia. 


Una de las técnicas más exquisitas que pudimos experimentar fue la de secas terrestres. Pablo ató en su 7x una langosta. Present en un pool perfecto y amplio. A ella acudió una preciosa trucha Fontinallis, a la que Pablo respondió con una efectiva clavada. Una lucha impecable a lo largo del pozo, y en unos segundo estuvo encallada en el borde suave de la arena. Fue gratificante ver a Pablo, luego de muchos esfuerzos y con  una técnica trabajada y ensayada, lograr una Fontinallis.


Joan mientras tanto, se cuestionaba la eficiencia de la técnica implementada sobre ninfas. Nuevamente subimos arroyo arriba y detectamos un líes perfecto. Una gigante roca monolítica debajo de la cual, se incrustaba una corredera, provocando un remolino y un pool perfecto. Era necesario un preciso cast en donde la roca se sumerge en el agua, para que el vórtice, impulsara la ninfa hacia la laminar del lecho, donde seguramente vivía un gran pez.  Presenta la ninfa un par de veces y logra hundirse. Unos segundos y siente una tomada muy atípica. Profunda y contundente. La caña en alto al máximo, donde los brazos ya no alcanzan mantenía tensa y controlada la captura. En un instante se muestra en la superficie del pozon y se sacude frenéticamente para volver a la profundidad de la estructura. Ahí la vimos... negra y enorme. Requería cuidarla al máximo. Su edad avanzada la convertía en un icono, en una súper trucha de arroyo que debía ser devuelta por una cuestión de respeto y gratitud, por una cuestión de admiración a la capacidad del animal a sobrevivir en Los Andes y sus inclementes condiciones. Unos segundos de lucha muy cuidada y estaba en el copo. Perfecta, nutrida y fuerte. Solo agradecíamos al pez, por honrarnos... por darnos la posibilidad de tenerla en nuestras manos.


En ese instante emprendíamos en donde estábamos y la dimensión de lo experimentado. Estábamos pescando en un lugar ajeno a las presiones y pretensiones humanas. Donde el tiempo es el premio a los mejores.

Fernando, desarrollaba estrategias puntuales donde el agua era espumosa y las corrientes mas rápidas. Con tensión podía llegar a la laminar donde el pez estaba posicionado, llevándole la mosca a su área cercana. Muchas Fontinallis acudían a sus moscas. Invariablemente a la mosca lastre o a su ninfa de Hare Ear.

Por la gran generosidad del ambiente, por las condiciones generales del día y la tarea bien hecha de Fernando, una Arco Iris gigante toma su mosca. Nuestras truchas de arroyo no las medimos en gramos... las medimos por sus años de supervivencia, por su irreverente empeño en mantenerse vivas donde la vida misma es una excepción. Aquí... el premio a los mas fuertes. 


Bajamos exhaustos, por la generosa pesca, los kilómetros recorridos, el sol abrasador y la rosa mosqueta cerrada que nos exigía la indolencia. Ya entre sombras serias y brisas perfumadas de Tomillitos. Con el cuerpo cansado y el alma reconfortada por cada una de las capturas. END


Autor: Jorge Aguilar Rech. IFF Guide.                                              Fotografía: Sur Outfitters Flyfishing/ Joan Fernandez.          Edición: Benjamín Aguilar Rech                              Agradecimientos: Joan Fernandez, Pablo Drazewski, Fernando Bressan y a Sur Outfitters Flyfishing                                          Todos los derechos reservados                                             BROWN TROUT ARGENTINA                                                     Copyright 2019.







San Pablo y la Cofradía de la Rosa Mosqueta.

Siempre he sostenido que el universo se organiza en un perfecto equilibrio entre paramentos opuestos. El día y la noche, el fuego y el agua, el verano  el invierno, la luz y la oscuridad, el bien y el mal, lo bueno... lo malo. Uno en contraposición del otro, solo  para darse existencia y valor a cada uno.

Así... en mis 40 y tantos, he podido meditar sobre esta relación de equilibrio y ponderar la existencia de ambos. El Yin y el Yan... en un continuo ciclo de creación. Tan importante el uno como el otro, en un pulsar continuo de vida.


Puedo contemplar algo considerado como malo para algunos como el motor, el iniciador y potenciador de algo bueno para otros. Y a veces... solo para mí.  Así como el fuego... que somete en su quimera de muerte al árbol,  pero ese calor, otorga cobijo vital, alimento y refugio para el hombre.

Esta historia relata el romance del arroyo, el pez y la rosa. La odiada rosa mosqueta. Malquerida, combatida y despreciada invasora que cierra los accesos a nuestros arroyos. Rasgando las vestimentas mas logradas,  lastimando los cueros mas curtidos. A la vez, de frutos piadosos...  que con sus aceites cura.  Pero quizás lo mas importante... es el que ella, se constituye como guardiana de los mismos ambientes donde se desarrolla.  Protectora de los todos seres vivos que en ella habitan. Es hogar de ratoncitos, víboras coral  y de la cruz, de búhos y jilgueros.



En San Pablo, la Rosa Mosqueta abunda. Esta situación tan limitante, evita la pesca indiscriminada e ignorante de los que solo pescan para tener.

El arroyo es libre, pretencioso, fresco y transparente. Encierra entre sauces llorones, juncales y cortaderas a sus truchas perfectas, gordas y furiosas. Esta simbiosis, donde el pescador simplemente es el atrvido invasor,  lo he llamado la Cofradía de la Rosa Mosqueta. Tan intensa como interesante, tan prepotente como bella.


El agua  transpira desde las vegas casi imperceptible,  entre piedras y mallines verdes se hace el arroyo. Vegas que murmuran en las noches, liberando el agua prisionera desde cavernoso subsuelo. Es un espectáculo de otro mundo,  escuchar cuando uno se dispone a dormir en su costa, el rumor del agua subterránea subiendo, que hace temblar el suelo de la vega.


San Pablo existe también, entre voces Huarpes de conanas, de extrañas formas en las piedra y refugios ocultos. Una  indiada que huía de las avanzadas incas esclavizadoras.  De mineros del talco y  asbesto. De caminos borrados por el tiempo. De gauchos, maderas y fierro*. San Pablo existe entre montañas pintadas de verdes secos, rojos y amarillos. Llena de vacas y novillos. Inundada de perfumes de Zampas y Tomillos. Vibra el paisaje con los augurios de Cóndor, de siseos de ratones, tordos, aucas y explosiones de patos del torrente. Tambien, garzas enormes que fuera de escala surcan el vallecito, centenares de golondrinas y teros.

El arroyo, inocente lame el lecho de pedregullo y  laderas del campo, con su lengua de brillos prestados del cielo. Paladar de marrones y verdes con la brutal sinceridad de lo traslúcido. Su suicida impulso es el yan... el lado bueno. Esa es su identidad, su elemento. La Rosa Mosqueta, lo guarda ante esta irresponsabilidad, con recelo y así cuidad a sus truchas. El punzante arbusto, que con uñas y dientes apaña estas criaturas. Es ella la parte oscura, es el yan. En ese pulsar de lo bueno y lo malo, fluye en una línea continua.

Pescar aquí, solo para los que entendemos esta esencia es un ritual pleno. Ajena a los triunfos, a los egos, a los verdades absolutas y a las recetas... todo tiene su instante de perfecto anclaje en la línea del tiempo y del espacio.

En San Pablo triunfa la experiencia sensorial del arroyo, la naturaleza, el pescador y el pez. Es la  intensa  esencia de pescar con mosca.



Requiere astucia, sigilo, resistencia física y pulida técnica. Su agua está transparente todo el año y no perdona desprolijidades. Las primaveras están impregnadas de aromas de humedad, adormecen de insectos el aire. La vida nace desde el letargo del invierno en forma  tímida.  Comienzan a producirse tormentas eléctricas que lo visten de nubes pulposas y ecos.  


Las corrientes cada vez mas cálidas,  arrastran el nubeiro por el vallecito, sosteniendo a bandadas de cóndores, que traerán las buenas noticias. Miles de Escarabajos, Mariposas, diminutas Midges, Caddis y Moscas de Mayo pululan por el aire. Las truchas grandes, que hace unos días estaban en el curso superior desovando, vuelven lentamente a sus pozos, dejándose caer corriente abajo. El ciclo comienza nuevamente posicionando a  cada individuo acorde a su jerarquía y tamaño. Bajo el agua, Efemeras,Tricópteros y Plecópteros se adhieren en las piedras. Es época de ninfas principalmente.


Las imitaciones de Tricópteros, Prince, Pheasant Tail y Hare Ear son las preferidas. Aunque  ninguna se negaría a alguna Caddis. Las truchas en esta época, están ávidas de comer para ganar el peso perdido.
revela su secreto*. Secreto que lo une al universo y hace que su minúscula existencia se conecte con el todo.  La aguas bajo tierra,  son  su alma, la que se pone generosa durante las noches de luna nueva. Vibra en un nirvana acuoso,  hinchando su caudal, lo transforma en una zamba, que invita a las  rocas de la rivera a formar profundos pozos. Las vegas y pozones del arroyito... son un lugar mágico.

El verano es tiempo de langostas. Con altas temperaturas en al agua, las truchas se pegan a los fondos del arroyo. Ninfas muy pesadas, donde es necesario evitar el drag indefectiblemente por la cantidad de agua que recibe el arroyo. Época de Odonatos junto a los juncales, ninfas de Tricópteros y Hare Ears con grandes cabezas. En algunos pozones, las grandes secas, son irresistibles.

El verano es largo, pero los primeros descensos de temperatura se marcan en abril. Ya otoño y las cumbres comienzan a cubrirse lentamente de nieve. Las quebradas se ponen serias mas temprano. Las langostas persisten en su fragmentado enjambre. En este momento, las grandes truchas ses animan a salir del fondo y suben a comer infructuosamente. Son las últimas horas antes del llamado vital a los cursos superiores.


Los gélidos inviernos lo visten de blanco, inmaterializado todo el entorno.  Pescar durante el invierno, es uno de los desafíos mas grandes.  Más alla de soportar el hielo, la nieve,  lluvia y la brisa helada, hallamos a truchas muy sensibles y selectivas.  Es época de desove y ascenso.  Siempre invisibles... casi pegadas al lecho, es casi la excepción que tomen una mosca. Es necesario desplegar al máximo las técnicas de precisión y presentación. Las  moscas mas ataviadas son las preferidas, grandes hackles, biots, patas de goma y cabezas de tungsteno son recomendadas.


El ciclo continuo y eterno del arroyo de montaña y sus seres, del pescador con mosca y su ansia de descubrir a esa trucha, luchando contra la implacable rosa, adalid de esta sagrada cofradía, venciendo al hielo y la altura, el sol abrasador y la sequía,  es la historia de supervivencia, la historia entre la milagrosa vida y la inevitable muerte... que es la escencia de la pesca con mosca andina. END

Autor: Jorge Aguilar Rech
Edicion: Jorge Aguilar Rech
Fotografía: Pablo Aguilar Quiroga/ Jorge Aguilar Rech
BROWN TROUT ARGENTINA.
Copyright 2018
Todos los Derechos Reservados
Agradecimiento Especial a SUR OUTFITTERS, Fergus y John Kelley y a Walter Sibiglia