Terrestres. El placer de la pesca a la vista.

Cual es la magia que  nos cautiva de aquellos ríos.

Cual es el mensaje que nos hace volver una y otra vez. Algo incontrolable. Quizás...  la tranquilidad de sus aguas, en contraste violento con el salto de esos peces. O la suave brisa entre vuelos de Efémeras. La roca y el agua, el viento y el fuego que yace dormido, aquello que esconde el río. 



Sus palabras, su significado, su historia, su música en sintonía. Tal vez es el contraste, el agua clara y lenta, el silencio y el estruendo de las crecidas, los matices y los brillos. Nos preguntamos mil veces... qué nos atrae de aquellas tierras... que nos atrae de esos ríos.


Tal vez es que poca presencia de humanos. Tal vez es la soledad. 


Es ahí donde podemos encontrarla. Creo… que es un juego.  Uno de los más difíciles y ancestrales.  El de ser cazador con una caña de mosca y un par de plumas sobre el acero. El juego de evitar los errores porque no hay elemento que los disimule, el de acechar a la presa y a la vez ser acechado.


Creo que es ahí, donde se conoce a la persona, a la nuestra. Como pescador, donde encuentro mis instintos, la verdadera esencia de intentar engañar a un pez con apenas un puñado de plumas y pelos. Combinados en el arte de imitar,  lo que come un pez día a día... en su medio.


La tranquilidad del agua hoy me deja pensar. El granito interrumpe el largo camino de las hormigas que  se cuelgan de las paredes, la gravedad les gana y caen al río. Son apenas segundos, tal vez... menos.  Lo suficiente como para interrumpir mi pensamiento, con  la furia del rise. 


Definitivamente lo que me atrae es el equilibrio dinámico.  El juego entre  la razón y lo irracional. Simplemente el contraste. Es en esos lugares donde la calma se interrumpe por completo y otra vez vuelve para quedarse por unos minutos más en total silencio.


Son muchas las capturas,  varios los años desde la primera vez que coloque el mágico puñado de plumas en el agua. En aquellos días... sin saber nada y hoy, conociendo aún menos, varios momentos me han quedado en el alma. Hay algunos que se destacan. Quizás una captura, el momento previo, la elección de una mosca, el color del agua o toda una jornada. Momentos inolvidables que quedan en la mente para volver a recordarlos en los relatos o como experiencia aplicada,  para resolver problemas en el río. 


Un Noviembre del año 2.010, principios de temporada en la Provincia de San Luis, República Argentina. Día nítido, sereno y templado. Las condiciones ideales en esas latitudes. Llegamos al Río Grande de San Luis, unos kilómetros aguas abajo de Las Verbenas, en el Valle de Pancanta. Las aguas lentas, los pools y los torrentes en el fondo del valle en V, ingiriendo la roca desgastada en el tiempo. Zigzagueante entre los bloques, pierde la calma al fondo y se interrumpe en el horizonte.


Tres pescadores en un contexto descomunal, el silencio y nosotros entre risas, historias la propia soledad que tanto anhelo de este ambiente...cruzamos el bosque de álamos para adentrarnos sin respiro... a la pesca con mosca.  El río que se toma el tiempo, no nos dio esa variante para nada. Inmediatamente entraron en acción las varas. Mi caña número dos, y mi instinto cazador intentaban una captura con ninfas, solo algunas suaves tomadas que burlaban la suerte, sin saber que río abajo... a pocos metros, una danza de terrestres realmente me haría feliz durante todo un día. 


La disponibilidad de insectos acuáticos en este sector del río, es realmente escasa, por motivos de erosión hídrica, arrastre y denudación del lecho, solo algunos pools profundos y sectores localizados preservan vegetación acuática que sustenta la carga biológica. 
El río en este sector de ritrón, no presenta una importante población de insectos acuáticos y si los hay, muchos de ellos como las Efémeras  son muy reducidas en tamaño.
Atendiendo a estas características, los insectos terrestres que son abundantes en épocas o días calurosos, son muchas veces la principal dieta de los salmónidos de estas geografías. Todo un día entre Hopper, Coleópteros y hormigas, es el lujo que pocas veces nos podemos dar, y más en aguas calmas. 


Observar es lo primero. Distinguir las hormigas sobre el granito, las langostas escasas en los pastizales, y los pocos escarabajos. 


Pensar que,  la oportunidad de un pez de atrapar una terrestre en esta época es baja y,  no perderá un solo minuto en hacerlo. 


 El color es primordial, la textura y el comportamiento es la clave; después elegir la mosca que más simplemente lo imite, y así el leaders en este caso uno de 9 pies con un tippett 5x. Pensando en el filo de las rocas, en la fuerza y el importante porte de los peces que buscaba en esas aguas y que de hecho están y que ya habían cortado un 6 y 7 x en aquella mañana. En un principio el brillo del tippett molestaba por completo y las tomadas eran esquivas, inmediatamente busque en la rivera las finas arenas que el río deja, y entre los dedos la pasé sobre el tippett, para sacarle el brillo que me molestaba. 


Desde ahí... las capturas  fueron implacables. Hermosas Arco Iris que encontraban los 500gr. a los 1200gr.  El placer de pescar con terrestres, es ver a esos peces subir desde lo profundo convencidos que lo que ven realmente es un insecto, el placer está ya no en capturar al pez entre nuestras manos, sino sentir que nuestro engendro de pelos cayó al agua con la realeza de un natural, porque la etapa previa a que se posara estuvo lo mejor realizada posible, una verdadera satisfacción. 

Los pools territorios desconocidos. Incitar a subir un pez desde la oscura profundidad de su lecho.


Desde 2, 3 y 4 metros, es realmente una prueba.  Luego experimentar la paciencia de las truchas en cada subida lenta y adrenalínica así tal cual como su medio.


Tengo esas imágenes en mi retina, a esos peces ir por mi mosca, una Hopper... un escarabajo;  pero en todos los casos su atención sería llamada con un pequeño ruido de mi imitación al caer. La extrema presentación de una imitación de Efémera, en estos casos no responde al comportamiento natural de un terrestre. Estos caen, los otros se posan casi en vuelo.


Los terrestres al caer perturban suavemente el medio, con un pequeño sonido, más aún si se trata de un escarabajo o una langosta.


En aquel día... escondido de los peces, en la posición más cómoda posible, posiciono mi Hopper suavemente en el agua. Los peces por debajo no percatan de su presencia. Levanto suavemente y vuelvo a castear. La Hopper golpea el agua. Una hermosa Trucha Arco Iris que visualizo en lo profundo... a unos 2 metros, se da cuenta y sube... lentamente con la boca abierta. La adrenalina corre desde el tippet a mi cabeza. No puedo creer lo que veo.


Finalmente, la energía del rise se trasmite por mi línea hasta mi mano. El impacto es tremendo,  fuerza descomunal de un pez que escapa en una corrida eterna. Interminable en su momento, el chillido de un reel agotándose, una función cuadrática en mi vara,  el salto de un pez incontrolable, y la Arco Iris en el aire.


Quien pudiera frenar el tiempo en aquel día. El tiempo es  implacable  y no puedo detenerlo.  Intento que el recuerdo...permanezca, y queda en mi corazón y en mi mente.
Un día inolvidable. Danzando con terrestres... un solo día, me di cuenta de que se trata la pesca con mosca. 


La oscuridad de la tarde cae en la quebrada que apenas borra la imagen de la sierra. El brillante plata del río, profundo, lleno de historias y pisadas. 
Como en cuento de hadas y duendes... el río encanta, atrae, consuela... Solitario y perdido, como si quisiera que alguien cuente de él. END





Autor: Sebastián Pagano
Fotografía: Sebastián Pagano
Edición: Jorge Aguilar Rech
BROWN TROUT ARGENTINA 
Copyright 2.011.

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