La vida de una mosca

Consideraciones a tener en cuenta cuando atamos una mosca, la vida dada por el movimiento y el color de ciertos materiales.
Hasta el momento no hemos tenido la mejor de las temporadas, los primeros días de la misma, se caracterizaron por una descomunal e histórica sequía, los casi 8 meses sin lluvias, llevaron al punto límite a nuestros ambientes trucheros, el hidrograma de nuestros ríos, mostraba únicamente la curva de agotamiento, indicando que los mismos eran solo alimentados por las aguas que infiltraron después de las últimas lluvias del verano, panorama dramático, la actividad biológica en su mínima energía, todos los sistemas utilizando la mínima energía posible, los arboles poco frondoso y de un verde apagado, los ríos extremadamente lentos, secos y llenos de algas y de truchas amontonadas peleando por sobrevivir, el valor deportivo perdido por completo en mucho de los ambientes puntanos.



Solo algunos permitían nuestra visita, desesperados por el agua y por la pesca, nos aventuramos a salir muy temprano desde Potrero de los Funes, después de un cambio de planes debido a las primeras tormentas en el norte de la provincia, cambiamos nuestro viaje al norte, por alguno de los ríos de las pampas de altura, las tormentas y las primeras lloviznas de diciembre nos seguían, un día realmente frío nos obligo abrigarnos con micro polar y por momentos con camperas impermeables, un día gris apagado, decidimos recorrer la pampa de las invernadas, los ríos que parecen lagos, las aguas lentas, oscuras y profundas, las truchas gordas, viejas y asustadizas. Finalmente llegamos, Gustavo, Gonzalo y yo, armamos nuestras cañas, dos RISE una # 3 de Gonzalo y otra # 5 de Gustavo y mi ECHO Carbon # 4, Líneas sinkin y sinkin tip, leader 3 X y distintas moscas, ninfas, en particular imitaciones de odonatos, el entorno y las características del agua y el lecho rocoso cubierto de algas me advertía una gran cantidad de odonatos, algo abalado por el conocimiento del biólogo del grupo, Gustavo.
Ate a mi tippett mi única mosca articulada, una Dragon en color verde oliva oscuro, con Legs de color verde y gran movimiento. La primera de las truchas visadas fue en la primer curva, algo realmente increíble, un ejemplar de unos 2.5 kg, al resguardo de una roca sumergida, no pudimos tentarla, ni siquiera se movió, en el primer gran pools, hice un solo lanzamiento y al recuperar mi dragon, mis siguientes segundos se transformaron en una corta pelea en la que gano la libertad una enorme trucha arco iris, así los piques se sucedieron, Gonzalo perdió una hermosa trucha de aproximadamente 1 Kg entre otras y Gustavo otras más, pero algo realmente era infalible y por lejos lo más efectivo, todos pescábamos con las mismas técnicas, todos con ninfas de Dragon en el mismo tono, pero mi mosca en particular, la única articulada de nuestras cajas, se convertía minuto a minuto en algo realmente irresistible para las arco iris, una tras otra en los flats, en los pools, todas con tamaños entre 1 Kg y 2 Kg, 12 truchas clavadas, 7 capturas y devoluciones, mis compañeros con pocos piques y capturas algo llamativo, ya que efectuaban los lances antes yo, y trabajaban las líneas y la mosca de la misma manera, eso me hacía pensar en algo, en la única marcada diferencia entre nuestros equipos, la mosca, me hacía pensar en las articuladas, en el movimiento en lo que se necesita que una mosca tenga y especialmente para las aguas lentas, VIDA.


Algo realmente increíble sucedió cuando volvíamos probando los mismos lugares que habíamos pescado bajando. Arribamos a un flat muy productivo, donde ya había capturado cinco truchas, y perdido una, mis amigos lanzaron primero y nada, entonces me acerque con mi mosca articulada y la posicione sobre el agua, realizando un lanzamiento curvo para que mi línea quedara escondida por encima y casi paralela a la franja de algas, mi Dragon alcanzo a recorrer solo unos centímetros y se elevo en el aire por el salto de una impresionante arco iris que termino en mis manos, así concluyo el día, un día mas de aprendizaje y de suerte, suerte de que en mi caja quedaba solo una mosca articulada.


Esos son los momentos inolvidables que quedan en la mente y el corazón de un pescador, y que realmente hacen a la esencia de la pesca con mosca, ese día llegamos, y armamos los equipos, pero no atamos las moscas hasta observar el entorno, tuvimos en cuenta el color de las algas, algas oscuras Dragon oscuras, aguas oscuras, moscas oscuras, tuvimos en cuenta factores biológicos, físico-químicos, temperatura, y oxigenación indirectamente,
Observamos discutimos, nos consultamos y nos escuchamos.


Ese día pusimos las moscas adecuadas, atamos al tippett la imitación justa de lo que realmente comen lo salmónidos de este río, y las trabajamos correctamente, pero la efectividad de las Dragon fué marcadamente diferente, una de ellas se llevo la medalla de oro, simplemente y especialmente por un lazo de articulación entre el tórax y el abdomen, pero creo que hay un factor más que no considere en su momento, algo que me surgió después de ver varias veces las fotos de esta mosca y de previamente leer un artículo del maestro Marcelo Morales, en la revista Vida Salvaje.


Los colores fluorescentes en las moscas, la vida que le da una pisca de estos materiales ubicados correctamente en una mosca, en especial en las aguas oscuras, en donde estos materiales fluorescentes, son vistos por las truchas debido a que sus ojos a diferencia de los nuestros, son capaces de detectar la luz UV que emiten cuando son irradiados por luz vivible.
Creo que esta mosca cumple ese requisito, en general es de color verde oliva oscuro, pero el hilo con que la ate es de color verde fluorescente, y ese hilo se hace visible en la cabeza y en el nudo de finalizado del tórax, en la unión de la articulación. Creo que al increíble movimiento de esta mosca se le sumo una pisca de vida dada por la fluorescencia de uno de los materiales, una mescla de factores infalibles que condicionaron mi pesca dando como resultado un día inolvidable y de reflexión.


Finalmente las tormentas llegaron a fines de diciembre, descomunales tormentas, azotados ahora por una impresionante crecida, repentina y acecina, las hermosas pescas en las pampas de la invernada, se transformaron en desolación y tristeza solo 10 días después, en horas el panorama era totalmente diferente, los ríos con abundante agua, pero casi sin truchas, todos esos lugares que cumplían con el requisito de las tres C, Confort, Cobijo y Comida, habían desaparecido, todo el lecho rocoso cubierto de algas se había terminado, por lo menos por un tiempo, el lecho rocoso estéril por su naturaleza quedaba totalmente al descubierto siendo ahora la única fuente de nutrientes para los insectos, escasos por cierto, también barridos, un lecho extremadamente rico en insectos, principalmente los de aguas quietas, dípteros, chinches de agua, y una enorme cantidad de odonatos, se había terminado casi por completo, mi desilusión, mi tristeza al volver a los mismos lugares y no encontrar nada, un río desolador, que me hacía pensar solo en algo, en la dinámica de los ambientes puntanos, algo que nosotros no podemos manejar, algo a lo que los pescadores debemos adaptarnos, y estudiar, para poder mitigar los impactos, y poder conocer a la perfección cada ambiente, tanto durante las sequías extremas como antes y después de las enormes crecidas, para saber actuar frente a las situaciones difíciles, no sembrar por sembrar, o saber cuando y donde sembrar, y adaptar nuestros reglamentos en función de las situaciones naturales por las que tenemos que pasar, y actuar tan dinámicamente como esta clase de ambientes lo requiere.
No sabemos cuántas truchas murieron, creo que muchas truchas pueden haber muerto, después de la crecida vi algunas vivas, y tengo la esperanza de que muchas solo estén asustadas o escondidas, algo así como una auto defensa para la supervivencia en condiciones extremas, tengo la esperanza que a finales de temporada, los ríos renacerán entre las cenizas, para regalarme increíbles jornadas de pesca. END


Autor: Sebastiàn Pagano.

Edicion: Jorge Aguilar Rech.
Fotografìa: Sebastiàn Pagano

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