Mi padre y el río.

Sus pies cansados acarician el sendero que el mismo dibujo desde la cabaña hasta el rio, con un sombrero lleno de moscas, un baston en la mano, y una vieja caña de bambu en la otra casi tan torcida como su espalda, pero con tanta historia compartida.


Conoce tanto el paisaje que lo goza paso a paso sin necesidad de levantar la vista.


El sonido cada vez mas fuerte del agua parece que lo llamara a disfrutar de sus encantos y sigue su lento andar, sin pausas, transita el campo con su cuerpo y el tiempo con el alma.


Cuando llega a la orilla de su tan amado rio, su figura cambia, se lo ve mas erguido. Su pecho hinchado por un gran suspiro le levanta los hombros y una brisa le cambia la expresion de su cara.

Si hasta parece que toda esa vida que lo rodea se le mete por los poros.


Se sienta sobre una gran roca y observa todo, esta quieto, solo sus ojos se mueven buscando el origen de cada sonido y por dentro...por dentro una revolucion de recuerdos le hacen bailar el alma, eclosiones, truchas y luchas.

El sol cae tras de los arboles, mira su caña de reojo con un gesto de ¿te acordas?.


Sobre la otra orilla y debajo de las ramas de un ñire, una trucha sube a alimentarse. El la observa por largos minutos y luego , sacandose el sombrero adornado de moscas, elige una con mucho cuidado y asiente con la cabeza, como diciendo... esta, esta es la que anda, y sigue mirando el agua, aquella trucha, la eclosion, los piques y las luchas, sintiendo todo y haciendo nada.


El sol ya se perdio tras los arboles, vuelve a prender la mosca en su sombrero, justo donde estaba se lo pone bien calzado, hasta la marca, toma su baston, su vieja caña de bambu, tan torcida como su espalda, que todos los dias lleva y hace tiempo que no arma, y emprende el viaje de regreso a la cabaña. Con mas vida, con mas fuerza, con mas ganas porque acaba de pasar otra deliciosa tarde de pesca y ya piensa en la de mañana.END


Dedicado a un gran amigo...mi Padre.

Autor: Juna Pablo Garcia para Brown Trout Argentina.
Compaginacion: Jorge Aguilar Rech.




1 comentario:

Gaizka dijo...

Simplemente, magnífico relato.
Ojalá el tiempo nos conserve y aún con la espalda curvada podamos disfrutar del rumor del río.
Un saludo