Pescando el Manzano.

El arroyo donde el agua sonríe.


El Manzano es una expresión de pureza. Nuestro embajador de arroyos mendocinos. Nos muestra el agua en su idioma natural, en su carácter  dinámico de alma cristalina. Nos canta romances de correderas y nos silva tonadas, de rosas mosquetas.

El Manzano... el Grande de la Quebrada, es un arroyo perfecto. 

El proyecto del equipo, es pescarlo durante cuatro días.  Pudiendo contemplarlo a toda hora, a toda luna, en todo momento... y en todo su esplendor.  La época era la apropiada y el arroyo estaba en su punto justo.

Sebastian Pagano, seria el primero del equipo que saldría.  Al atardecer, de un día claro, del mes de abril, desde la Ciudad de Mendoza... munido de caña, moscas, algunos pelos, plumas y noventa minutos; los que mas tarde, lo pondrían a pescar el atardecer del arroyo. 

Las primeras luces del atardecer del valle, hacían brillar las correderas del arroyo. La Manzano Fox Hair,  profundizaba cada formación,  intentando imitar a las Stones típicas del arroyo. Las Arco Iris, no le daban descanso. Una tras otra... gordas, bellas y furiosas... por haber sido engañadas infaliblemente.  Ya... después de una veintena de capturas, las tintas rosas del cielo pintaban las nubes, las montañas se ponían azules y serias. La eclosión de tricópteras gigantes era notoria. En el cierre de la noche, sumaba treinta truchas pinchadas, entre 300 y 600 gramos. El fuego amigo, lo invitaba a descansar y preparar con sus flamas... el pan saborizado, que resulta ser su especialidad.

La noche lo arrullaba entre las penumbras y cantos. Los ruidos de la oscuridad, le inventaban fantasmas, faunos, duendes y todo lo que la imaginación le diera. 

Al día de las luces... lo esperaba atando. A puro pelo de zorro, las Manzano Fox Hair,  se iban anudando como las marionetas de un titiritero, una tras otra. El fuego aun humeaba.

Avanzada la mañana, llegaríamos la otra parte del grupo. Nicolás, Pablo, la acompañante y aprendiz inseparable, Magalí y quien les relata. 


Sebastian, nos esperaba con un almuerzo temprano, de fiambres, quesos y un excelente rojo sangre. 

El brindis se hizo abrazo de hermanos;  de amigos del alma. Mientras el equipo, armaba las varas, y preparaba leaders... un tinto selecto y obligado malbec, nos entintaba las venas.

Bajamos, lentamente... intentando ser totalmente ignotos en el medio. Nuestras pisadas, debían ser suaves, calculadas y pensadas. Sabíamos que la linea lateral de nuestras Arco Iris, estaban en extremo sensibilizadas. Eso... les da la información vital para cuidar su integridad  física ante eventuales  predadores y naturales crecidas.


Así llegábamos al veril, buscando las primeras estructuras, presentando de a uno exclusivamente.  Agazapados y con sigilo, nos aproximábamos intentando ver alguna. Ahí .. donde el blanco de la espuma se hace translúcido.

Comencé atando una Jabalí Manzano Ephemeroptera en alambre #14, la que se articulaba con un invisible 5x fluorocarbon. Una presentación hacia arriba en reach cast, para evitar el drag. Al profundizar la mosca, inmediato toque. Pero la mosca seguía sin cobrar presa. Decenas de lanzamientos fueron del mismo tipo. Eran truchas pequeñas y aguerridas. Se atrevían a tomar este engaño, invirtiendo gran cantidad de energía. Se trataba de muchos ataques pero pocas capturas.



La tarde transcurría .. mientras la temperatura llegaba a su clímax.  Rondarían los 10° C en el agua cuando el arroyo comenzaba a despertar. Hora y temperatura de otoño mendocino.  Las truchas estaban de hecho, mas activas y se animaban a tomar decididamente el engaño. Bellas Arco Iris... casi llegaban a las dos docenas y unos 500 gramos promedio. Nutridas de tricopteros, efemeras y plecopteras. 

Este sector del arroyo presenta la inclinación justa. Perfecta, para la formación de estructuras laminares óptimas. Conforma pozones profundos, que rondan el metro. Correderas y algunos rifles. Los que sin separarnos del carácter de pocket stream del arroyo nos brindan distintas oportunidades para pinchar truchas.

La temperatura, llegadas las 15:30 hs, comenzaba a bajar. Lo notábamos por el vadeo húmedo...  en los huesos. El punto ideal de temperatura, no nos debía doler. 

Sebastian y Nicolás, subieron a preparar las faenas del asado nocturno, mientras seguíamos pescando cada rincón junto a Pablo. Encontrábamos líes espectaculares en un corto trayecto de no mas de cien metros. Llegábamos a predecir, donde habían truchas.  La observación entomologica, nos refería a enormes Stones, sugiriéndonos al cambio de mosca. Fue el turno de la Manzano Fox Hair. Las Arco Iris aumentaban de tamaño y tenor. Llegando a cobrar piezas de unos  gramos 700 gramos de puro músculo.


Todas, nos regalaban una especial lucha arroyo abajo. La #1, trabajaba en en forma exquisita, dándome toda su virtud de Superfine. 

Era ya hora de regresar. Los aromas de tomillo, a nuestro paso, se mezclaban con el asado que nos llamaba. La mejor y mas oportuna de las postales... la mesa armada en un poncho indígena de alpaca, las copas plenas de rojo vino y mis amigos. El festejo de una buena jornada nunca es mucho. Las anécdotas,  los datos, las historias de las truchas pinchadas, las cobradas, y las enormes que se fueron... rondan siempre en mis recuerdos.

El sonido inagotable del arroyo de fondo, se quebraba, con el brindis de los rojos... un Medalla de Oro, logrado por el chaman  winemaker Carlos Balmaceda. 






La noche nos envolvía todo el espacio. El fuego, nos daba esa confianza inexplicable y ancestral. Luz que invita al conjuro, a los relatos y a la charla fraterna. Las carnes, ya... en lo mundano, salían de la parrilla en manos de Sebastian... para el deleite. Pasaron las horas y las estrellas nos dormían en sueños del día. 


El día de la luz nueva, se abría tardío... al menos para nosotros, para nuestros ojos.  La noche, nos había ganado la partida, el cansancio del vadeo, y los duendes del vino, nos acunaron hasta las 11:00 am. Llegaban al valle, Luis Soria y Kako Molinelli, para acompañarnos en la jornada.


Apenas llegaron, bajamos al arroyo. Con el mayor de los cuidados nos dividimos por veriles... dos por cada uno, formación por medio. Comenzamos a subir, lentamente, trabajando cada una de los rincones del arroyo, esperando la temperatura ideal. El curso, levanto grados pronto. La vida de los macro invertebrados se expresaba por doquier, eclosiones de dípteros y efemeras, nos atentaban inoportunamente la boca. Las Plecopteras  aun no eclosionaban... quizás buscando algún grado  mas. Era oportuno trabajar con las pequeñas Jabalí Manzano Ephemeroptera, en alambre # 14. Todas... me daban trucha... una tras otra. 

Los lanzamientos up stream, no ayudaban a ocultar nuestra innegable presencia. La sombra era lo mas importante de ocultar. Luis, se escondía tras una piedra en el medio de un Back Eddy. Lanzaba al Pool, que cocía con la corredera. Una gordisima Arco Iris toma su engaño. Una breve batalla la deja entre los clastos de la orilla. Inmediatamente la devuelve al agua. La gordura especial de esta trucha tal ves, se deban cantidad debía a la gran cantidad de Stones en los fondos. 


Un día espectacular para el equipo. Corto, pero muy fructífero  Las Arco Iris estaban despiertas y activas. El día cerraba temprano, y emprendíamos el retorno a la Ciudad de Mendoza.

Las lluvias en las cuencas superiores, comenzaron a hacer crecer los cauces de los arroyos tributarios al Grande. Los Oscuros, el Guardia Vieja y el Durazno. Este ultimo crecido como canal nos obligo a tomar la decisión de bajar, o quedarnos ahí, indefinidamente. Volvimos a la Ciudad de Mendoza, y las lluvias con la baja temperatura del Valle de Uco, fueron notorias. Esperamos tres días  y ya el cielo, prometía mejoría. Pero... la tierra del monte aun destilaba lluvias. 

Llegamos nuevamente, con un sol apenas tímido, una mañana de sábado. El camino estaba bastante movido por los aluviones. Al llegar al Durazno, el corte era tan profundo, que nuestro vehículo no pasaría de forma sencilla. Tomamos la desicion ante este hecho y ante la inefable turbidez del agua, de esperarlo unos días mas. Sergio Vicente, nos calmaba la angustia invitándonos a tenkarear un sector del arroyo. Pero como críos... mirábamos para arriba melancólicos.

La ansiedad de los días de espera, nos pinchaban hora tras hora. El día indicado fue el domingo de la luna menguante. Y les nombro las lunas, porque todo pez, de cualquier agua, se ve influenciado por sus luces lunares y sus efectos en los elementos. Las luces de las noches claras de luna son ideales para la comida nocturna. Dado que resulta ser segura. Lo que nos resultaría en una jornada diurna, de truchas sin actividad de alimentación  Las lunas de poca luz, limitan este ciclo a las horas del día. Todo esto es un simple observación  y surte efecto en las técnicas de imitación.

Subimos al Valle de Uco temprano. Marcelito Domici, madrugo con unos mates y unas Don Atur Clásicas.  Compañeros inseparables de los mates del volante. El Cristo del Manzano nos vio llegar inspiradisimos. Tomamos la huella con destino a nuestro lugar en el Manzano. El Durazno intentaba hacernos una mala jugada pero, el ímpetu, el espíritu de equipo y un gato mecánico  nos ayudaron a continuar. Pablo, acompañante perfecto, encargado del muestreo entomologico, fotos y el video.


Armamos los equipos rondando las 10:00 am. Bajamos a las primeras formaciones del arroyo, comenzamos a definir y confirmar la observación entomologica. La misma... arrojaba el menú completo... Ephemeropteras, Trichopteras y Plecopteras en cantidad. La temperatura era muy baja... nos dolía en las manos. El arroyo dormía en un sueño de frío.

Avanzamos en metros y formaciones, esperando la temperatura deseada. Esta... nunca llegaría. Cercano al mediodía  el arroyo no lograba atemperar su vientre y despertar a sus hijos. Nuestras varas aun rectas... se resignaban al descanso.

A la orilla de arroyo, los duendes aun no salían de sus cuevas. Lugares mágicos de faunos y hadas como paisajes de Del Toro. Langostas, hormigas, polillas, moscas, mosquitos y moscas de mayo... hacían volar nuestra imaginación  adobada con algunos mates yuyeros. Esperando los grados que el sol, con brillos de agua y piedra prometía darnos.


Cercano a las 13:00, el sol se hermanaba con el aire y el agua. Despertaban a sus hijos. Insectos, larvas... peces y pescadores. Retomábamos el rito fascinante de subir el arroyo pescando.

Inmediatamente, las Manzano Fox Hair, comenzaron a engañar truchas.  Fue indispensable afinar el tippet a 7x. Un Orvis con Bimini Tippet Super Strong cumplía con las profecías.

Las Arco Iris, indudablemente querían comer y... las eclosiones, hacían evidente que la mesa estaba servida. Nosotros, escondidos, engañábamos con alambres, pelos y pelusas.  

Todas estaban enérgicas, vivaces y gordas. Las devolvíamos al agua una tras otra. Solo una de unas quince engañadas, estaba muy aletargada. No produjo pelea, lo que quizás .. le haya provocado una descarga de ácido láctico mortal. Igualmente, la devolvimos oportunamente al agua.

Y... como síndrome recurrente,  llegadas a una cantidad de capturas, una cantidad de moscas testeadas, pescadas de tal o cual forma... dijimos basta. Basta... pero solo por hoy. END



Autor: Jorge Aguilar Rech. 
Edición: Jorge Aguilar Rech.
Fotografía: Pablo Aguilar y Nicolás Aguilar.
BROWN TROUT ARGENTINA
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Todos los derechos reservados.


2 comentarios:

Jorge Aguilar Rech dijo...

“Me encantó verlos, a Vos y a Seba en tal maravilloso arroyo , estupenda recreación del sin fin de sensaciones que experimentamos en una salida de pesca . Como disfrutaría atar con Ustedes en relación a la interpretación del alimento que ofrecen las aguas a sus hermosas y difíciles inquilinas . La imagen de la morsa en la escenografía del río la asocio con el pequeño atril de los pintores impresionistas , acaso con la modestia , humildad del acto , no pretendemos crear el diseño perfecto , dramatizarlo con la mágica ilusión que sea aceptada por nuestras amigas . Leerte , a diferencia de las vacías notas tan frecuentes en nuestro paupérrimo medio , dónde solo jerarquizamos lo intrascendente , ver al humanoide de turno , carente de contenido , de análisis de las circunstancias de su pesca , sólo mostrando de manera grotesca el premio de su ignorancia , siempre la más grande ……….
Un abrazo
Darío

Jorge Aguilar Rech dijo...

Querido Maestro: para mi... este humilde escritor y fotógrafo aficionado, es un honor que vos, nos regales estas palabras.