Picheuta Sutil .


El deseo de pescar con sutileza, el retorno al dialogo con el elemento natural, con la lectura entomológica, con el pez selectivo, con el acto de captura al asecho y a pez visto... toda condición requerida para pescar en nuestros arroyos; iniciamos los preparativos, contando con varas #1 y leaders trenzados en seda y poliester, especialmente armados por Pablo Matthews de Duck Masters. Ansiosos, pero compenetrados en las faenas de preparación, amenizadas con rondas de mates, idas y vueltas, charlas preparatorias y el infaltable atado de algunas ninfas en alambre #22.

Ya en el auto, clavamos en el GPS, nuestro primer objetivo... el Arroyo Tambillitos, departamento de Las Heras, Provincia de Mendoza. Distante del corazón citadino a unos 130 kilómetros. Llegamos a él, encantados con el cielo azul y limpio del Andes... entre sus muérdagos en flor madura, dado que ya habían florecido en el mes de Noviembre. Sus aguas atípicamente marrones y totalmente desbocado de caudal,  nos convencían de que  Picheuta estaría mejor. Nos sentíamos como quien llega a importunar al dueño de casa, en una visita no anunciada.



En el Picheuta, metros mas abajo... nos ubicamos de la Ruta 7 hacia la juntura del Río Mendoza. Un escenario particular es contemplar al arroyo, entrar y mezclarse en las aguas marrones del río. Era medio día  y el hambre se anunciaba. Mientras comíamos ... traíamos data entomologica, temperatura y condiciones de claridad del agua. El viento... siempre anunciado para Enero, se hacia cada vez mas presente.

La brisa fresca de montaña y un sol penetrante, se complementaban para hacer del tiempo algo ideal. El calor de la cordillera mendocina se hacia notar.  Era oportuno el vadeo húmedo.

Ya con los equipos listos, y las ganas intactas, bajamos hacia el arroyo. Nuestro plan allí era descender hasta la desembocadura con el Río Mendoza sin pescar. Desde aquí  remontarlo trabajando up stream.  En esta zona, la cual es mi preferida, el pocket se abre en otras estructuras como braided, desenvolviendo una serie de pozos, correderas y runs... muy prometedores.


En una de las estructuras,  lanzo corriente arriba, dejando a la Massarta Jabalí en alambre # 22 , atada por quien relata, a deriva natural como si se hubiese desprendido de un clasto. En efecto, agazapado, había visto una trucha, que comía a media agua, en la laminar. Casi a la cola de la corredera. Al tercer tiro y a esta altura de la formación y ya, en movimiento de ascenso, la bella Trucha Marrón de Arroyo, toma mi engaño. La vara sensible, trabaja arqueándose,  vibrando y hasta ejecutando la ronca matraca del  reel. El cual... considerando la media de las capturas, estaba apenas frenado.


Ya erguido y al descubierto, me declaro en dominante, haciendo abuso de posición dominante pero intentando que la trucha... pelee lo suficiente para anclarse entre las arenas de la costa.

La Massarta Jabalí  es una mosca, que he estado desarrollando hace unos años, y la sigo perfeccionando, que tiene por objeto utilizar el menos material posible y un único tipo de pelo.

La intuición... una vez devuelta, me indicaba que el pozo, daría mas frutos. Cambio de posición y de pluma. Así o marca mi tradición. En la cola póstuma de la corredera, una Pheasant Tail, hace lo suyo con otra Marrón que salpica entre los pockets posteriores. Mas tarde, otra  una decena de capturas  el arroyo nos brindaría esa tarde.


Mientras regresaba, reflexionaba con mis hijos Nicolás, Pablo y Benjamín que... el arroyo tiene esa magia, esa virtud. 

Nos llena de humildad, de alegría,  de serenidad. Nos obliga entre el canto de sus aguas, a ocultarnos, a ver mas allá de la vista, a cuidar cada detalle, al sigilo, a descubrir cada ser viviente que lo habita, a comunicarnos con su alma... con su sutil esencia.  Pescar un arroyo mendocino, no es igual a otros sitios. Aguas bellas, rápidas  traslucidas.



Truchas que lejos de su escaso tenor cárnico,  tienen el enorme temperamento del salmónidos y la sabiduría genética de la especie. El arroyo te exige,  te brinda y te enseña.  Sus truchas ya... no tienen tamaño o tal vez, no me importe. Me interesa la dificultad a la que esa trucha, me someta,  a las pruebas de habilidad, a la certeza de mi mosca, a la presentación  sutil y casi imperceptible del engaño.

Por eso... vuelvo al arroyo. Tal vez sea una de las pocas cosas que nos quedan, en esta cultura occidental; cultura de lo rápido,  lo inmediato, lo agresivo e irritante, del éxito y el fracaso, que nos reserva para lo sensible, sutil y auténtico. Que nos enfrenta al verdadero desafío personal y a la esencia de la pesca con mosca.

En los pequeños arroyos, sus peces... son enormes. END

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Autor: Jorge Aguilar Rech/Nicolás Aguilar.
Edición: Jorge Aguilar Rech.
Fotografía: Pablo Aguilar/Benjamín Aguilar/ Nicolás Aguilar.
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