Lago Fonck

El manto verde y esmeralda del Nahuel Huapi, arropaba a sus hijos. El Fonck Grande y el Fonck Chico. Tres flyfisher de la Punta, nos desvelábamos por partir al sur. Este acto... rompía con la tradición de años, de pescar los ríos y arroyos, para abrir las aguas quietas.



Su belleza, absurda y sin razón. Su cuadros de colores fríos, son la irreversible manifestación de la perfección espontánea de la creación.

Este tiempo de aguas calmas, nos hacia cambiar la tendencia de años anteriores, donde habíamos pescado aguas rápidas y frescas.

Desde San Luis, partimos junto a  Gustavo y algunas botellas de buen Malbeck hacia la Patagonia. Nunca es largo, el viaje de ida hacia el sur. Será tal vez, la expectativa, la inmensa necesidad de descubrir lo nunca visto, lo nuevo y remembrar lo viejo.




Bariloche, nos esperaba para descansar de la travesía, planificar el destino cercano y soñar con el día después. A primera hora del día siguiente, partimos hacia el Fonck. La empañada mañana, no nos prometía un buen día, entre lluvias y temblores tímidos del sol del sur.


Nada... pero nada nos alcanzaría para impedir nuestra aventura. El azul del cielo reflejado en el agua del lago, lloviznaba de sutiles sips rises. Se hallaban las truchas, comiendo plácidamente emergentes. Pero esta danza dura unos escasos minutos y desaparece. 


A lo profundo invisible y supuesto, llegaban la líneas de hundimiento, y escudriñaban con 9 pies de leaders, intentando animar algunas Zomkers y decenas de Woolly Buggers Verde y Naranja.


Los tempranos ataques acusaban a estas moscas, como las mas eficientes. Desde la costa, a unos 20 metros del filo del agua... badeamos el veril, sigilosos. Sigilo premiado por truchas que se ocultaban entre palos y troncos... entre juncos y verdines....con 1500 gramos de Arco Iris  y 2000 gramos de Fontinallis.




El cenit humeante del asado, brillaba con los vinos conservados para tal momento.  El descanso reparador... reponía fuerzas, y afianzaba la experiencia para enfrentar el resto del día.

La hora sacra del atardecer, nos enardecía con decenas de truchas Arco Iris comiendo arriba. Un espectáculo de ensueño mientras las horas bajas nublan las luces del día. La hora de la oración... nos llenaba de capturas, de batallas, de sonrisas. De alianzas y recuerdos sagrados que jamas... se borrarán de nuestras almas.END




Autor: Jorge Aguilar Rech.
Edición: Jorge Aguilar Rech.
Basado en el Relato: de Gastón Viapiana.
Fotografía: Gastón Viapiana.
BROWN TROUT ARGENTINA.
Copyright 2.012

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