Pescando el la Mula Tuerta de Potrerillos.



La Mula Tuerta. 


La Mula Tuerta surge de nuestra búsqueda interminable de lugares perfectos. Donde el tiempo y el espacio, se conjugan en un acto noble de pesca.  Lugares donde el viento es bueno, y silva historias. Donde la noche, amasa las historias de un nuevo día... repleto de anécdotas. Donde el verde musgo acobija las truchas mas grandes del Andes Central.




A estas épocas, considero a Potrerillos, perfecto. Tiene la temperatura justa, la luz  exacta, la brisa adecuada. Este grado de perfección es una experiencia sensorial extraña. Acá... no hay perfumes a hierbas. El olor a musgal... es típico de estos paramos de flujos variables y alternos. Estas alteraciones de nivel... le otorgan al Dique, un aspecto casi inmaterial. Jarillales y arbustos blancos de sedimento y musgo seco...que hace unos escasos días... pertenecían al lecho. Hoy están en la costa impávidos. Bajo el agua, el proceso de descomposición, tiñe las aguas de verde musgo. Aquí... viven las marrones. En lo profundo... negándose lo mas posible a la luz.



 
Salimos de noche... cercanos a las 4:30 am. El día ni sospechado, me hallada buscando al grupo de anglers. Amigos del alma, hermano de plumas con quienes pescaríamos ese  día.  Martín, patagonico y el principiante Marcelo.

La bahía de Recursos Naturales, nos alojaba en silencio. Ni un alma en las casas de chapa, se escuchaba. El silencio fue cómplice de nuestro paso por ahí.  Una gran picada por la huella de tierra nos aceleraba el pulso, para darnos después de unos cuantos kilómetros, el panorama mas bello que nos identifica como andinos. Mi cordillera nevada, fractada en el espejo inmenso del agua.


Martín, tomó la iniciativa en un pozo verde profundo. Apenas el alba estaba despuntando, tiñendo de rosados fuego el agua. decentas de hatchs, nos mostraban una emergencia que nunca pudimos detectar.


Lo seguíamos a escasos metros...Marcelo y yo. Casi a 45º... me posicione en un limpión de acarreos, apenas accesible. Agazapado, intento el mejor cast.  Una Dragon Ojuda en #10, se unía a mi tippet # 5x. Lanzamientos en Double Haul casi exclusivamente, logrando unos 28 metros... era la condición sin ecua non, para tentar a las Marrones. Desde aquí, trabajé la ninfa con minúsculos tironcitos natatorios, alternados con algunos violentos. La mosca evidentemente era seguida... y tomada solamente a escasos tres metros del hilo del agua. Este momento era decisivo. La aliada invisibilidad, fue gatillo de las capturas. En muchas ocasiones mi escondite no fue muy bueno y solo logre un ataque, ya que al verme, la trucha desaparecía en el fondo.


Descubro en la geografía costera, un gran arbusto. Me aproximo agazapado, con pasos cautos. Me posiciono detrás del ramal. Arrojo al suelo... algunos metros de linea. El verde ingles de la Orvis Clase 3, se camuflaba inmediatamente en lo profundo del verdín. El cast... lleva a la Dragon a unos escasos 15 metros. Traigo rápidamente.... cuando a escasos cinco metros un vientre blancuzco, se retuerce. Sobreviene entonces una furiosa pelea de la Marrón, por librarse de la mosca. Mis manos la toman... a lo mas breve, consiente de su baja energía post desove. Para liberarla al vientre verde del espejo. 



Con destino el este, recorríamos alternando cada sector. Estábamos a unos escasos metros del murallón del dique. Sector premium. Un estrecho verde pleno de ramales, algas y musgos. Lanzamos siempre agazapados, intentando ser imperceptibles. Martín... es atacado en su Drágon Ojuda por una gran Trucha Marrón. La batalla en su vara # 8 era enorme. estaba arqueada al máximo.  La trucha le brindaba reiterados saltos y profundas luchas. Brava.... se retorcia entre las ramas y musgos, intentando zafarse. 


Intenciones claras de la trucha de unos 2,5 kg, de enredar la linea entre los ramales. Estrategia de animales de mas de dos años, maduros y seguramente pinchados.



Martín... como presintiéndolo, libera la trucha y casi apresurado vuelve a castear. Comienza a traer y  explota el agua en escamas. 


Así una tras otra, las marrones tomaron los engaños. La mañana avanzaba y la hora de retorno nos hacia suyos. Marcelo... el principiante,  mirába impávido, disfrutaba cada captura. 


La luna llena aun se veía en el cielo diurno. Recordábamos con Martín cada captura en el Pozo de la Mula Tuerta.

Nos preguntábamos cual había sido la incidencia del satélite, en nuestra corta jornada y la gran tasa de captura obtenida. A veces... ser parte de la excepción, es algo maravilloso. END




Autor: Jorge Aguilar Rech
Fotografia: Jorge Aguilar Rech
Edición: Jorge Aguilar Rech
Video: Marcelo Domissi, Jorge Aguilar Rech
BROWN TROUT ARGENTINA
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