Cerrando El Tordillo Superior.

El invierno pinta las montañas de blanco en Mendoza. Los aires en la ciudad huelen distintos. El aire se siente mas puro. El aire del invierno, es fácil de respirar.  El color se torna en ocres y amarillos, que nos invitan a dormir.  Las hojas secas de los plátanos nos perfuman el aire de almizcles de madera. 



Era medio día... cuando decidimos dejarnos llevar por el llamado del valle. Dejando atrás la ciudad, el auto devoraba asfalto rumbo al sur. Llegábamos a Malargue, tarde. Casi a la hora del descanso.

La noche, nos cuidaba en casa amiga y, la mañana nos hacia llegaba temprano. Transportándonos a otro lugar... con los sonidos del Campanario de Malargue. Los acordes de la mañana son extraños, para nosotros. El campanario, y el pulso de una ciudad distinta me corría de frecuencia en mi inconsciente. Pero un mate silbado con yerba ahumada... me arrancaba de mis viajes matutinos y me ponía en lugar... estaba despertando y soñando con el Tordillo.




La helada mañana, nos obligaba a evaluar ropajes técnicos. Decidí por pura cobardía térmica, ponerme las pieles, el Wader y las botas y... así, evitar toda variación en la temperatura del cuerpo. El camino nos atrapaba de paisajes y la Virgen Negra de los Arrieros,nos llamaba desde el otro lado del arroyo. Aquí paramos unos minutos... - solo pa´ encomendarnos-.

Seguimos raudos por el camino de tierra, camino al Tordillo Superior. Los blancos del invierno, había espolvoreado su friso de tiza por todos lados del camino durante la noche. 

El Tordillo se hacia nuestro y llegábamos al punto planeado. Así... baje de la camioneta, desperezándome y dejándome abrazar por el ente del aire del Valle. 

El sol tímido del mes de Mayo, apenas negociaba  estar... en el cielo del Valle. El frío calaba cada poro descubierto. Los hielos crujían  al paso de nuestros pies.




El agua del Tordillo era diáfana, inocente y perfecta. Su temperatura apenas, despertaba a las truchas. Unos 6º C nos separaba del hielo de la noche. La vida explota... aun con frío. Las robustas Stones, Tricópteros y Efémeras, eran parte del menú. Y la mesa estaba servida. Unos grados mas arriba, despertaron los piques.


Los primeros ataques a las Pheasant Tails, presentadas Up stream ... fueron muy tímidos. La #1 sensible y perspicaz, me ayudaba a clavar las primeras tres de la jornada.  Un leader torcionado y tippet 7 x, armaban una extensión de unos 9 pies. Tibias luchas de truchas fornidas, que solo atinaban a lanzarse corriente abajo.  Sumado de vectores, que hacían una experiencia notable a la hora de la pelea justa.




El Tordillo despertaba de a poco. Caminando río arriba, despacio y casi al acecho... me encuentro con una gran Arco Iris que despertaba del sueño, bajo el socavón de una cortadera. Animal de unos 3 kilos que al verme... huía lentamente río abajo. es indispensable, me dije a regañadientes, ser imperceptible.


En la vera contraria Nicolás, Marcelo y Diego sostenían sendas batallas. Metros mas abajo nuestro amigo Copito Barifuza, nuestro Master Chef y experto Bartender, también arreglaba asuntos con una preciosa Arco Iris.


Nicolás, había atado una Soldier Palmer en alambre #8 en Chenille amarillo. Una irritadora por excelencia. La cual no demoró en traerle captura. La estrategia de Nicolás, fue lanzar aguas arriba y río a través, posicionar la linea de flote en la secundaria y traer con la técnica del ocho, lentamente. así... unos metros y luego repetir esta operación. La pelea fue contundente. Al tomar la mosca, la trucha escapaba a la corriente principal y se lanzaba  río abajo. Después de unos segundos, una Arco Iris de unos  600 gramos. Las manos heladas apenas daban para devolverla al agua.




Diego, río arriba, trabajaba con línea de hundimiento del 150, una Matuka marrón oscuro. Un leader corto de 5 pies, terminado en 5 x. Utilizando la misma técnica de Nicolás. Estremecía su vara, una trucha flaca, de gran longitud y poderosa musculatura. La pelea fue corta, y la  trucha devuelta al agua. 



Era ya el cenit, y decenas de chillidos de Gaviotas Andinas nos cubrían la cabeza. Probablemente algún animal muerto recientemente las atraía. Tal vez , la gran baja del nivel del agua, dejaba al descubierto algún grupo de peces agonizantes... Nos encontramos con varias charcas casi secas con cadáveres de truchas. Diego... tenia varios ataques en su mosca. Obteniendo algunas Marrones bellisima y varias Arco Iris de mayor tamaño. Mas robustas... de aproximadamente 1,8 kilos.




Mi vara sensible, continuaba trabajando las Pheasant Tails, de ribetes rojos, la cual también obtenía algunas Marrones de unos 400 gramos. Profundas y desmedidas peleas, me brindaban las marrones. Pintadas de batalla, me daban el honor de poder tenerlas  en mis manos.

Cayendo la tarde, las sombras pintaban algunas laderas de hielos. La vegas blancas e inmóviles nos daban pauta de la época del año... de la dureza de este entorno durante el invierno.

Diego y Marcelo, habían elegido una estrategia muy distinta a la Nicolás y yo. Buscando runs o profundas correderas, sus plumas profundas buscaban a las truchas abajo en el verdín. Nosotros ninfeabamos, up stream en estructuras mas pequeñas.


Saltos enormes, espasmos aguerridos y furiosas luchas, nos muestran la salud de nuestras truchas aun en épocas donde deben estar mas aletargadas.






El retorno, anunciado por el UHF, nos quería dar unos minutos mas de pesca, el nunca último cast... el perfecto instante de la hora mágica.  Instante supremo que traería algunas capturas más. 


Ya en el retorno, crujiente de guijarros... nos esperaba  Copito, con el elixir de las destiladas .... un Chivas Regal de 12 años, que nos daba grados a la ausente temperatura y firmaba la alianza entre amigos, el río y el pez. 


 La luz del Tordillo se apagaba para entrar en un sueño de invierno. END


Autor: Jorge Aguilar Rech.
Fotografía: Jorge Aguilar Rech/Diego Peixoto/Leandro Ferioli/Nicolás Aguilar/Marcelo Perez.
Video: Jorge Aguilar Rech.
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