Pescando el Río Salado.

El espíritu de Currilimpi.


Un río tan cercano... tan a la mano. Tan ahí. Expuesto y maltratado. Con algunos cuadros irrepetíblemente bellos, otros conocidamente similares y otros... altamente impactados. El ímpetu viral del humano... ensuciando, profanando y colmando el manto natural, es implacable. Y ya... casi no tiene memoria.


Tierra de Pehuenches en guerra. Sangre de acero que jamas fue vencida por españoles. Nunca tocada por invasor alguno... hoy, es sitiada por nuestras mejores truchas. Habra sospechado Pichintur... el gran estratega, ser invadido de  tan infame forma.

Recuerdo que volvíamos del calumniado Arroyo El Desecho, al temprano atardecer, cuando Diego Peixoto, llama a  Pablo Pérez y Diego González,  pidiéndoles algunos consejos sobre la zona  óptima de pesca del Salado. Nos recomiendan La Ripiera. Aquí, fijamos nuestro destino, previo a dejar a Nicolás y Claudio como avanzada en el hotel, preparando la anunciada cena.


Minutos mas tarde, a  escasos 3.000 metros del hotel, armabamos nuestras baras con un viento muy fuerte. Me sorprendía que el aliento del este de raudo viento, ejecutara las notas secas de mi caña, como Kaskawillas.  Denotando su gran acción al arquearse sola.


La impresión de la zona recomendada, fue muy grande. surcando un yermo pedregal, un solo canal conformado... que a raíz de la escasa masa de agua, no nos mostraba costuras, estructuras de descanso, ni irregularidades donde alimentarse o al menos refugiarse. Esta zona en partes me recordaba al río Mendoza... en el Cero Piont.  Instintivamente mi rodilla a tierra, acompañaba a unos clastos volcados, que me mostraban solamente algunas efímeras minúsculas. Una escasa población entomológica nos anticipaba otra de las condicionantes. Particularidad de un curso impactado... musgoso y con una gran adherencia de sus costas pedregosas. 




El fuerte viento imperante, me dificultaba el trabajo de cualquier ninfa. Solamente ya, en las horas de penumbra, halle una excelente corredera que conformaba un gran pozón. Un lies único. Me  siento unos minutos a contemplarlo, a comprenderlo... a pensar como ese ser que quiero pescar.  Afino mi leader a unos escasos 7x  fluorocarbon.  Ato una Prince Bead Head en # 22 al mismo. Me posiciono bajo el pozón. Mi primer manojo de presentaciones, se frustraban. Cuando apenas abierta la sexta, una clara forma; fugaz y difusa... tensa el perfecto sistema. Mi caña y el músculo responden. La vara se arqueaba profundamente, asumiendo en parte la fuerza de la contienda. El frío estímulo de la adrenalina, nuevamente inunda mi sistema nervioso. Cientos de segundos después, decenas de espasmos y corridas, más tarde, la fugaz visión se hizo trucha, declino su furia ante mí en captura. Descansando en la corredera misma, que le daba alimento. El macho boqueaba buscando el flujo del agua. Fue liberado por mis manos culposas, agradeciendo la experiencia y procurando su recuperación.


La única pieza que pescaba, cerraba mi corto día. En el encuentro... Diego me relataba que había pescado una trucha de un kilo aproximadamente también.


La noche nos abrazaba con coros de guijarros... hechos música al paso cansado del retorno. Las historias de las tomadas, de las ausentes y del día de mañana... que sería mejor, salían  de nuestras bocas con cada aliento. El cacique Currilimpi nos colmaba la lengua de versos.




El día de mañana que sería mejor... hoy, se habre en un amanecer totalmente inmaterial. Sin el zumbido urbano, sin el apuro, sin necesidad de que asi ocurra. Pleno de aromas de campo y en momentos... sulfuros de aguas termales. Aprovechándonos de la cercania del río, nos tomamos cada uno de los minutos para el disfrute. El sol apenas alumbraba el valle y transformaba en plata el hilo del Salado.


Desayunamos y partimos. Con nuestro inseparable Labrador Juancito, a paso tranquilo, llegamos a la zona de El Puente. La zona mas urbana de Los Molles.


Nuestro plan era pescarlo con secas y ninfas exclusivamente. Aprovechando la perfección de la condiciones climáticas nos aventurábamos a anticipar una buena pesca. Así... me senté unos minutos a contemplar el agua. Su inmortal sonido que combinado con el silbar del viento en las cortaderas, eran a sobras, la pieza clásica mas exquisita y mas anhelada.




Mi vara #1, armada con un obligadísimo flote Hydros Superfine WF1 Willow, desplegaría un leader de 5 pies Duck Master, trenzado, especialmente elaborado por Pablito Matthews, terminaría en un tippet 7x de fluoro carbón. Mi mosca... la exquisita Pheasant Tail en alambre #24, con abdomen segmentado en rojo...fue increíblemente eficiente. Al llegar al filo del río, agazapado tras una cortadera gigante, lanzo en un reach cast para evitar el drag de la perfecta corredera. Una profunda tomada me sorprende y mi vara lo denota. Luchando río abajo, metros mas... logro tomarla en mis manos. Debía pesar unos 400 gramos. Un tono plata brillaba al sol y su enorme energía denotaba su escasa edad. 


Diego, por unos metros mas abajo del río, era sorprendido por cinco luchas consecutivas. Una tras otra. Un perfecto y profundo pozon no le daba tregua alguna.



Las capturas eran formidables y hermosas. Capa una de ellas brillaba particularmente. sus saltos... sus corridas y hasta su comprensible lucha en nuestras manos... eras un bello cuadro de fiereza salmónida. 


A estas alturas... la existencia de vegetación unos metros mas adelante y estructuras en el río, mostraba una variedad de alimentos mas variada. Las efímeras,  tomaban mayor tamaño y densidad; las tricópteras por decenas, habitaban los bajo clastos. La vida explotaba en escasos 500 metros.  Alimentando truchas que por lejos estaban gordas.



Nicolás, tenia una contienda doble. Una excelente Arco Iris le daba furia... y Juancito... intrépido se adentraba al veril para un copeo de labrador... que a sabiendas no pretendía devolver.  Así entre esquives y huidas, da finalmente captura a una excelente trucha de unos 600 gramos. Una hembra bellisima que fue devuelta al agua, con plena disconformidad ladrada de Juancito.


Decenas de capturas... nos llevaban río arriba. descubriendo en cada animal, en cada trucha, un individuo distinto. Su temperamento, su fisonomía, nos llevaban a descubrir en ellos, identidad. Esa identidad que nos lleva a contemplarlos infinita e indefinidamente, a protegerlos con pasión, a describirlos, descubrirlos y hasta odiarlos. Pero en fin... a soñarlos por siempre. END


Autor: Jorge Aguilar Rech
Edición: Jorge Aguilar Rech
Fotografía: Jorge Aguilar Rech/Diego Peixoto/Nicolás Aguilar Rech
BROWN TROUT ARGENTINA
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Glosario.
Pichintur: Cacique pehuenche, estratega y gran comandante contra las fuerzas españolas y huiliches: Su territorio llegaba hasta las pampas 
Currilimpi:Cacique de Barbarco, primo de Pichintur. escritor y poeta.
kaskawillas: cascabeles usados al tocar el kultrum



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