Cuando Potrerillos sopla Marrón y Arco Iris.

Sopla el viento Zonda en la tierra del sol. En la tierra de la tierra y agua...Potrerrillos.
Un arrebato extraño nos llevo ese día hirviendo de tierra, camino al Dique Potrerillos.
Algo casi contrario a la razón. El auto se desviaba de la franja del asfalto ante el viento seco y sucio del oeste.
Tan cercano el destino del dique, pero alcanzó para secarnos las bocas. Húmedas por instantes por la infusión Rosamonte de nuestro mate amargo.

Al llegar...las puertas del auto amenazaban salirse. Mientras a duras penas esquivabamos la tierra de la cara. Las cañas se ponían difíciles para coincidir entre sus partes. El viento arrasaba como nunca. Jamás pensamos dar un paso atrás.
La travesía comenzó y se desempeñó a la altura de la bahía de Recursos Naturales. Mas allá de todo plan , ahora debíamos vencer las inclemencias del tiempo.
El trabajo fue muy sencillo...buscar algunos veriles claros y pozos profundos... los pozos oscuros de algas. Pocos quedaban en ese momento, dado que el movimiento del agua, ponia marrón todo el veril y la costa.
Los claros aparecían de tanto en tanto. Mientras el viento corría de oeste a este encontrábamos reparo sobre la costa oeste de la bahía... sobre la ladera de un cerro que se ahogaba en el agua.

Los cast llegaban lejos impulsados por la bocanada de aire caliente a nuestras espaldas. Pero el plan no era tomar largos casteos, sino al veril... a unos 20 metros paralelo a la linea de costa y trabajar nuestra Dragon Ojuda Potrerillos, con pequeños tironcitos ascendentes.
El plan se cumplía y los resultados festejaban nuestra elección de mosca y técnica. La vara Orvis # 4, siempre a tono de tensión y perpendicular a la línea de flote, se levantó al sensible toque de una Arco Iris... clavada. Sus 500 gramos de músculo, daban batalla en cada escama. Mi pulso de flyfisher apenas, luchaba con la dirección de la trucha de zafarse entre las ramas.

Era indispensable en la fórmula del éxito trabajar con un líder de 9 pies de fluoro carbón y un tippett 4x mínimo.

La tracción de la ninfa oliva...lenta... lenta y esperar. Dejar profundizar y repetir la acción.

Los ataques eran suaves al inicio, pero al instante tomaban y al clavarlas se desata la usual furia salmónida. Buscando siempre el recurso del ramaje salvador, la profundidad de la Brow Trout y frecuentes saltos.
La primera captura abría la serie... y. avivaba el ánimo seco de nuestras pieles.

El típico el hedor a lama descompuesta que posee el dique cuando el nivel de agua baja a estos niveles mínimos... es penetrante en nuestro olfato, y se hacia nuestro en capa poro.
Nos mostró en fin... la riqueza en micrombientes y organismos que presenta el espejo bajo el agua, cuando esta sube a sus cotas habituales

Los resbalones fueron frecuentes y sumaban a la jornada algunas risas y embarradas.

Nicolás, tomaba su labor de cameramen muy enserio. Tomando su caña eventualmente. Pero cuando lo hacia, era sorprendente el verlo con su captura. Una Arco Iris le dió honores.




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Juan Carlos, corría una suerte similar en la costa este de la bahía.

Con el viento ahora más tenue, se aventuraba a castear usando el viento de contra frente como su aliado.

Su Sage # 4 se flexó al tomar su Dragon Fly Ojuda Potrerillos, una excelente Trucha Marrón.

La profunda contienda fue quebrada por una salto plagiado de arco iris. Mostrando su tamaño y sus profundas intenciones. Lastima que no coincidió con las de Juan. Pudiendo tomarla como presa a los minutos mas tarde. Su color y salud eran formidables.


Una sonrisa de satisfacción pintada en su cara, coronaba su triunfo ante la trucha.
La jornada continuó durante unas horas. Las capturas respondían al testeo de la Dragon únicamente. Las demás moscas no eran tomadas. Las presas rondaron entre los 500grs y 1.200 grs.
Todas las truchas estaban recuperándose del desove. Eso lo denotaba la delgadez de algunas y la robustez de otras.
También pudimos observar algunos fenómenos alimenticios que puede ser causa de la baja cota del dique. Los sondeos gástricos mostraron, escasos odonatos, tricópteros y emípteros, pero si gran cantidad de bolos verdes de algas que probablemente hayan estados cargados de algún alimento.
La jornada de pesca la dimos por cerrada al atardecer cuando el viento mermaba.
Las capturas sumaron la docena cuando nuestro nivel de hidratación nos sugería la retirada. Las emociones recogidas, nos afianzaron a la idea que no hay mal día de pesca y que, a veces el clima es otro obstáculo más a vencer. La satisfacción siempre buscada llega a nuestras jornadas, si nuestra actitud es la correcta...la de un pescador con mosca. END


Autor: Jorge Aguilar Rech.
Fotografía: Nicolás Aguilar Rech.
Protagonismo: Juan Carlos Salvador, Nicolás Aguilar Rech, Jorge Aguilar Rech.

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