La escencia...

Consideramos al relato de una experiencia de pesca con mosca, como algo extremadamente sensorial. Desde lo visual y literario, cada salida de pesca se expresa libre de egoísmos, despojados de los espejismos de las recetas y con la permanente e inefable búsqueda de lo bueno, lo puro y perfecto.

 La pesca con mosca no es solo una técnica o un conjunto de ellas, es un arte. 

Donde  la  contemplación debe ser providencia. Cada lanzamiento, cada deriva, es un acto de presencia, es caligrafía


japonesa, donde la tinta fluye con intención. 

Guiar... no es imponer, sino revelar: acompañar el descubrimiento del otro en la vastedad de la montaña y el alma. Es filosofía natural, donde el río, la trucha, el viento, el agua y el sol nos enseñan más que cualquier manual.


En esta sinergia, todo se une como un solo cuerpo al servicio de la experiencia transformadora del otro. Servir es crear belleza en lo invisible. Pescar es meditar en movimiento. La trucha, entonces, no se pesca...se honra.END

Autor: Jorge Aguilar Rech

Fotografia: Pablo Aguilar y Jorge Aguilar Rech

Copyright BROWN TROUT ARGENTINA 2025

LA TRASCENDENCIA DE LA MOSCA

La pesca es un acto ambiguo en nuestra especie. 

Un instinto tal vez, para algunos. Definitivo y pragmático para ellos, que entienden que ese animal debe ser parte de algo necesariamente que los beneficie. Y sin excepción, es necesario la muerte del pez, para que el acto de beneficio unilateral se complete. Este beneficio, requiere necesariamente el perjuicio del otro.  Es el ancestral juego de la presa y el cazador, del dominador y el dominado, de la vida y la muerte, de la mente superior y racional dominando al instinto puro. Nos define como humanos este acto irremediablemente binario. Nuestros ancestros y algunos modernos, se preservan inmunes de cargo de culpa alguno, en el anonimato del cardumen, de la masa, de la cantidad casi pop art de la pesca recreativa que realizan. Para saciar la necesidad de comer, ser el pescador exitoso de la comunidad, el alfa, que conoce los secretos de cómo mantener a la tribu y hasta la práctica de un balance económico financiero, en base a lo invertido, dividido kilos de pez capturado y sacrificado.

Noble vida animal que alimentara el cuerpo y el ego de este moderno pescador tribal.

Es aquí... justo aquí, donde se engendra la filosofía de la pesca con mosca actual. Naciendo del cambio total de perspectiva de esta práctica binaria y abriendo una nueva vertiente de pensamiento de la actividad. Sin cuestionar el origen de por sí, del uso de artificiales en la antigüedad ni la pesca con fines comerciales o de sustentación en ningún momento.

Busque permanentemente la respuesta del - ¿porque pescamos con mosca? - y todo lo que ella trae consigo. Parte de la respuesta probablemente sea que... la pesca con mosca es ese acto de irreverencia necesaria, donde intentamos cuestionar el instinto reptil, básico y binario, para hacer algo noble, puro y bello.

Entendiendo que el ser humano moderno no necesita cazar y pescar en forma directa para alimentar a su tribu o familia. Y que esto lo ha convertido en una actividad de esparcimiento que exige determinada aptitud deportiva y aeróbica. En ello, no es ético considerar al pez mi adversario o mi rival, dado que, ¿cómo podría ser un inocente pez consciente de esta rivalidad? ¿Como él, podría competir conmigo, siendo su único instinto disponible, el de preservación?


Buscar la belleza en lo simple, en lo puro y frágil, en lo verdadero y sincero, es en el tiempo de lo inmediato, lo veloz y fácil, el mayor acto de rebelión posible. De eso hablamos cuando pescamos con mosca.

Hablamos de sentir cada instante al máximo. Los aromas, los sonidos del entorno, la brisa, la temperatura y la humedad del aire. Las luces y sombras que danzan con el sol. Luego, observa el agua. Ahí donde está el pez. Su color, temperatura, si corriente y velocidad. Finalmente, veras o sentirás al pez. Pensaras como él. Mientras más sientes y percibes.

Mientras más conectas, más comprendes al pez. Eso es mas allá que ver, más que observar. Es contemplar. Es abordar la verdadera es la conexión del pescador con el pez. Te convierte en un ser más del entorno.

Es ahí donde la pesca ocurre. Cuando tu mente vibra con la naturaleza. Cuando eres un pez.


Ahora que eres igual, juega de igual a igual. Sin trampas. Sin trucos. Inteligencia vs instinto.

Desde este punto, es el viaje de no retorno. Ante la captura del pez, la piedad o crueldad, la delicadeza o brutalidad, el respeto o estupidez de tus actos para con el él, definen quién eres en el mundo humano. Te describen como ser. 

Así como también si decides que este sea tu alimento... se piadoso.

Él, solo cuenta con su instinto de supervivencia y necesita huir para sobrevivir y prolongar su especie. Tu... tienes una gran oportunidad para trascender, demostrándote a ti mismo, a través de una caña tus valores. END


Autor: Jorge Aguilar Rech
Fotografía: Pablo Aguilar Quiroga
Edición: Jorge Aguilar Rech
Todos los Derechos de Autor Reservados. 
Copyright 2024


Libertad

El impulso ancestral que me lleva a pescar es incontenible. Necesito por alguna razón tener esa sensación de fuerza y lucha en mis músculos. Esa explosión de adrenalina que mi mente interpreta como felicidad. No se trata de poseer, no es capturar para perdonar, para conceder. No lo es.


Es estar ahí y enfrentar a los elementos. Es tal vez una de las pocas rebeldías que me permito en este planeta de servidumbres y sofisticada esclavitud.

Ahí... miles de metros mas allá del ruido del hombre está mi esencia, mi elemento fundamental de existencia. Sentir el solo soplar del viento en mi cara, inspirar cada molécula de aire compartido con jarillas y tomillos es estar totalmente unido a cada ser, a cada elemento. 

Cuando voy en busca de un pez, mi mente se sumerge en un único mundo sensorial de estímulos visuales, táctiles, olfativos... Como una bestia mas de la creación, motivado por la única fuerza que me mueve en este acto... la curiosidad.



Si...curiosidad que se traduce en búsqueda indefectiblemente. Años atrás abandone la codicia de los contadores de piezas, la triste vulgaridad del tamaño, el aplauso estúpido de los podios y relajo vulgar de los campeones.  

Me sumergí entonces en el mundo de la búsqueda. Cuánto aprende un pescador de un pez, cuanta similitud podemos llegar a tener con ese ser vivo. Cuanta sabiduría en un ser para muchos insignificante.

Hoy, al sostenerlo posado en mis manos. Al someterlo al impacto del otro mundo para él, el mundo mio, el del aire. Solo intento conocer en su mirada aterrorizada, los matices de su existencia.

Dándole como si yo fuera alguien superior a él, la libertad. Libertad que ninguno de nosotros podrá experimentar jamás. Eso es mi promesa. END




Autor: Jorge Aguilar Rech
Fotografía: Pablo Borel y Jorge Aguilar Rech
Pescador: Ruben Dimarco
Todos los derechos reservados
COPYRIGHT 2021

 

 

El insignificante acto de pescar.

La pesca con mosca es algo tan pequeño.  Un acto tan insignificante y tan poderoso a la vez.  Que como todo lo simple y sencillo por inevitable vanidad humana, intentamos de comprender con la razón, la técnica, la ciencia del intelecto. Ignorando la verdadera enseñanza de ella.  Esta tan arraigada a nuestro ser. Tan interna en nuestra conciencia,  en nuestra escencia que nos define como seres humanos en cada acto. 

Tal vez no se trate solamente del pez.


Intenta observar al un  pescador con mosca, cuando impulsa unas simples plumas  por el aire para engañar aun pez. Definelo en base a su técnica, a su forma, a través de  su intención, su ansiedad y necesidad. Ahí... vas a conocer al verdadero  ser. Un pequeño acto tan poderoso. END



Autor: Jorge Aguilar Rech
Fotografía: Pablo Aguilar. Protagonista Paulo Rodriguez

BROWN TROUT ARGENTINA 2021
Todos los Derechos Reservados

Pensamientos junto al río. Mi reflejo.

Ese día fue especial. Pero mucho mas especial que otros. Lo sentía así, desde las primeras horas de luz. Sentía todo en eje, en equilibrio; donde la cadencia exacta del tiempo, el suceder de cada cosa y la ausencia total de la ansiedad se ocurrían en total concordancia. La luz, la temperatura y el aire, todo era el preludio de un día excepcional.


Estaba con mi gran compañero, hijo y amigo Pablo. Ambos en el arroyo. Inmersos en la naturaleza. El y yo, incrustados en la total inmensidad del Andes. El tenue sol de mayo nos adormecía, cercano al medio día. Sediento, busco un claro en el correr fresco del arroyito. Necesitaba beber un poco de agua. Me inclino y arrimo las manos en cuna para atrapar un poco. El espejo del pozon refleja mi cara. Al comienzo fracturada de ondas y al cabo de unos segundos... ahí estaba. Una imagen reveladora. Era ese mismo niño de hace 40 años atrás; tiempo en que comencé con esta búsqueda y la llame pesca. Y sonreí. Sonreí desde mi alma. Era esa luz, la iluminación del  conocimiento, la experiencia encarnada y una meditación que solo en estos dias míos, se da.  Mire a Pablo... él, tal vez sin comprender la situación,  respondió a mi gesto con un -que es?, -que pasa, -que hay?.


Como explicarte hijo mio... todo lo que siento cuando estoy aquí?, pensé a mis adentros. Como explicártelo en el idioma de tus dias de joven, para que puedas entender?.  Desde mi mundo donde el tiempo transcurre distinto,  a tu mundo de lo inmediato y veloz?. Recuerdo que en ese momento te respondí con un para nada concluyente -nada importante!.  Pero hoy, te lo contare en este mundo de letras escritas. En este viaje hijo mio, he recorrido un camino lento, relajado y placentero donde la experiencia se abre camino en el tiempo y es disfrutada minuto a minutos.  En ese recorrer de vivencias, me he preguntado sobre esto que llamamos pesca con mosca. Me he preguntado cual es el fin, cual es su esencia verdadera en estos tiempos modernos.
 
Busque cada día, una respuesta, abrazando a la virtud de conocer a cientos de personajes y entre ellos... 
-parecen recorre en mi mente, cual carrusel de retratos de cada uno de ellos-. conocí a los místicos y  a los pragmáticos, a los técnicos como a los artesanos, a los campeones y a los perdedores, rústicos y sofisticados, gurues y súbditos, los talentosos e imitadores,  sectarios, odiadores, a los vendedores de todo.  En fin un universo vasto de escencias, de formas, de personalidades y seres únicos. A quien volvería a conocer mil veces.

Y aquí estoy yo...querido hijo, un eterno aprendiz. Incapaz de escribir recetas, formulas y alquimias. Porque no me interesan, no profeso esa fe, no entiendo su ciencia, esencia o eficacia.  Pero sí,  su sustento físico, matemático y químico. No soporto lo no esencial, lo sobrecargado de dogmas, lo oscurantista. No creo en los adornos del mediocre y abrazo lo simple, lo  elemental y natural. Mi fe, mi teorema y demostración, se trata de esto que llamamos pesca con mosca como algo simple, que en base a conocimientos científicos y técnicos adquiridos y aplicados en tiempo y en forma dan por resultado un pez.  Solo se trata de saber leer el libro de la naturaleza. Comprenderlo.  Es tan simple como respirar, como caminar y comer.


Es una conexión casi subconsciente con el entorno, con cada ser vivo, con los elementos y con el pez. Pez, que arrebato de su entorno acuoso, de su conciencia animal que el comprende como vida, para tenerlo en mis manos, admirarlo y grabarlo en mis recuerdos. Eso a lo que yo le llamo pesca. Ignoro aun porque lo hago de esa forma, porque lo devuelvo.

Pero esto... es solo mi manera de sentirlo. Tal vez tan intrascendente, tan etérea y absurda!. Tal vez esa es mi respuesta. El porque de esta torpe y sofisticada coreografía. Ese es mi reflejo al tiempo en que vivo mi primer lustro. 

En esta inmensa búsqueda... en este viaje, puedo decirte que la pesca es todo lo que el pescador quiera que sea. Yo prefiero la verdadera simpleza. La de ese niño del reflejo. END



Autor: Jorge Aguilar Rech
Edición: Jorge Aguilar Rech
Fotografía: Pablo Aguilar
Todos los Derechos Reservados
BROWN TROUT ARGENTINA

Copyright 2020.

The Trout Fighter

Habían pasado mas de dos mil varas en estos cinco años por mis días de guía. Muchos pescadores con mosca con decenas de aptitudes, lenguas, virtudes, habilidades y probados expertices. Un gran tesoro de historias, capturas y desafíos. Temperaturas bajisimas como también abrazadoras, vientos y calmas silentes. Truchas gigantes y atrevidas Truchas Par, que apenas superaban el tamaño de la mosca. Un puñados de arroyos, lagunas y lagos, ríos y mar. Ya me parecía extraño no vivir esa historia particular con una de ellas hasta ese día.

Corrían los días de verano en Mendoza. Al sur... donde el diablo perdió el poncho. Tal vez se lo voló el Puelche. Viento malo, arrebatador, intenso y poderoso. Pero aun no eran días del viento del diablo. 
Estábamos en una laguna andina, perdida en los mapas, olvidada del tiempo. Buscando gigantes de mito, esquivándole al sol que enardecía los Celcius, al viento. Peleando con el musculo ardido de lanzar. Motivado solo con el ímpetu del fuego interno del pescador y el sueño de la captura.

Dos pescadores... ella y el. William y Kelly oriundos de los Estados Unidos. Felices, alegres y frescos. Su actitud era la de los gigantes. Sabían que la laguna les daría pelea. Ellos estaban preparados. 

La laguna nos recibió con vientos rancheros feroces. Cual pastor, el viento arreaba a un millar de corderos hacia el Noreste. Sumado al sol que nos partía el ánimo y lentamente nos secaba la boca. El primer día era perdido después de tirar sobre la partida centenares de moscas. Pero solo fue una batalla. Y los grandes pescadores, saben que eso no significa nada. Con la motivación intacta, la noche nos abrazo, anestesiando el dolor con unos vinos mendocinos, que todo lo curan y reparan.


Las primeras luces del alba, esas que apenas vencen a la noche con colores rosados y turquesas, las acompañábamos con unos mates y sopaipillas fritas a la grasa de cordero de Doña Topa. En la laguna, el innombrable aun no despertaba. Rápido y con un sigilo incomprensible, tal vez para que el viento del diablo no despertara nos subimos al catarraft. Solo el revuelto de los remos en el agua se escuchaba. Dormían hasta los teros. Comenzaron los lanzamientos de ambos. Con cortos lideres y tippets 3x, tenían atados una Rubber Leggs en alambre #6. la linea de navegación era próxima, a no mas de 25 metros. Kelly, dado que era una principiante, lanzaba lago adentro y profundizaba, intentando levantar a alguna Arco Iris del veril profundo. En cambio William, quien presentaba un nivel avanzado en estas aguas, lanzaba hacia la costa, cercano a los palos. Solamente le indicaba donde habían manchas marrones o verdes en lo profundo para evitar la perdida de moscas por los furiosos enganches. Eventualmente, el viento se desperezaba pero afortunadamente no soplaba a mas de 10 km/h. 


En instantes, un violento ataque en la vara de William es contrarrestado con una clavada y los brazos en alto. La trucha corría a lo profundo del verdín. Subía ferozmente y saltaba. Segundos mas tardes y para nada vencida, descansaba en la cubierta del catarraft para ser devuelta al verde profundo. Era una trucha muy combativa,  de tamaño mediano para el promedio de la laguna le comente. Sus ojos brillaron y me desafió: -Vamos por la mayor!-. Mas allá de mis felicitaciones, William estaba inquieto. Tenia en sus cast esa energía del pescador que busca en cada tiro. ese fuego sagrado inconfundible. Sabia que no se conformaría fácilmente. Pasaron unas horas y tal vez... fueron dos trucha mas de similares características las que capturo. Pero la determinación, el mensaje, la meta, era pescar  a esa trucha de 4 kilos.

Ya el tippet estaba cercano al 2x. Múltiples enganches nos habían expuesto a la necesidad de atar una sección nueva de 3x. Pero seria en el próximo cast. Justo en ese instante, en ese preciso momento, veo unos metros mas adelante, una formación perfecta. Unas ramas abundantes y entre ellas un roquerio desde el cual filtraba agua hacia el perfecto veril. La pureza del verde profundo vibraba. Era un líes perfecto. Mi pulso se aceleraba y le susurro: - atención a las doce, un perfecto pool, lanza dos metros antes del filo del agua, trae rápidamente durante tres segundo y espera otros tres, luego trae mas lento. El mandato fue cumplido. Como excelente pescador y con experiencia, hizo todo lo necesario e indicado. Ahí fue cuando una vaca, gorda y maciza hizo estallar el agua. Había atacado a la Rubber Leggs la trucha que había estado buscando. Inmediatamente la gorda Arco Iris nado hacia la profundidad del veril. Cosa que hacen las truchas expertas y avanzadas de edad. Alejo la embarcación para que no se enganche en las enramadas, y vuelve a saltar. Un perfecto cuerpo roso plata se luce en los brillos de la mañana avanzada. Era enorme y poderosa. Tomo linea y varios metros, mientras William especulaba con la longitud de carrera, para evitar el enganche en los profundo.


En un instante, sube a la superficie y se muestra. Vimos su cabeza... sus ojos y cuerpo. Era un animal de unos 6 kilos. Instantáneamente se ladeo y se impulso furiosa a lo profundo del veril. Fue incontenible. No la podía frenar. De pronto William se percata que se había enganchado en un arbusto hundido en el veril.  Desesperado, movía la vara para un lado y para el otro, intentamos rodear la, pero seguía ahí.   Le sugiero que profundice el tip de la caña e intente desenganchar la linea. Lo hace  y logra desengancharla. Vuelve a correr  y nuevamente se mete en otro arbusto hundido. La pelea a estas alturas era estas alturas era feroz. El hombre contra el pez, el pez contra el hombre.  . Quien era mas rápido, quien mas inteligente. Quien seria el abatido y quien el triunfador. Llevábamos mas de diez minutos de batalla y nuevamente el pez enganchado. Mete el tip en el mismo sentido de la linea tensada y se anima a meter toda la vara para al menos recobrar la linea.  Al levantar la caña, solo del agua había salido la mitad, dos tramos se habían quedado en lo profundo del lago... o tal vez la trucha, el monstruo declarado a estas alturas de los hechos, se la había apropiado como trofeo de guerra. No pudimos evitar pensar en eso. 


Levanto la mirada y veo a Kelley sorprendida, con la boca abierta mirando a William. Doy vuelta la mirada y lo miro en ropa interior. Presuroso se lanza al agua y se sumerge. Mi mente alterada por la rapidez de las acciones de William. Tenia el salvavidas a mano y solo esperaría unos segundos. Inmediatamente, cual Rey Arturo se impulsa hacia la superficie y blandiendo los tramos de la vara, emerge. Sorprendidos y sobrepasados, lo asistimos.  Entre dientes murmuro: - No te llevaras  mi caña!!-  William no había permitido esa deshonra, ningún caballero debe ser de despojado de su espada. El salvo su honor recuperando su caña. El pez... tal vez haya huido espantado seguramente. Puedo imaginar ese instante bajo el agua, puedo sentirlo... hombre y pez- pez y hombre cuerpo a cuerpo. 

Segundos mas tarde, el heraldo William fue rescatado de las frías aguas, y sin perder la condición, se puso ropa seca y continuamos el viaje. 


Jamas olvidare a William y a Kelly. Solamente esa noche, después de brindar por él, con mi mejor vino,  le regale mi humilde y desdeñada gorra celeste de la fortuna, que me acompañara por años. Ahí se pronuncio como el Peleador de Truchas, el Trout Fighter. Él me obsequio  la suya de la Universidad de Tenesi como devolución del gesto.  En mis recuerdos quedó ese instante. Eterno, lleno de acción, alegría y dinamismo. Donde la determinación del pescador fue al extremo y cuerpo a cuerpo con el pez. 

Y ahora... que vuelvo a recordar la gesta, aparece en mi memoria su última frase el lago, que cual sentencia de  guerrero pronunciara en su lengua: I will  be back. END

Autor: Jorge Aguilar Rech
Edición: Jorge Aguilar Rech
Fotografía: Pablo Aguilar
Todos los Derechos Reservados
BROWN TROUT ARGENTINA

Copyright 2020


La mosca y la piedra

Trascurría un marzo de fríos tempranos en el arroyo. Las mañanas cortas y brillantes anticipan el otoño en Los Andes centrales. A media mañana mi mosca flotaba en los minúsculos pools de arroyito.


Un perfecto riffle... con la aceleración justa, amplio y transparente. Su sinceridad me permitía ver a un par de truchas de aproximadamente 40 centímetros comiendo en el fondo. Su idioma corporal me decía que estaban interesadas en algún tricoptero.

Me senté en una piedra que emergía de una perfecta vega, respire profundo y observe. Durante minutos solo observe. Era un momento tan particular como especial. La bella danza de dos truchas. Un acto perfecto.

Hubiera sido de manual, atar a mi tippet 5x fluoro carbón una tricoptera, tal vez una Hare Ear...pero, mi ego, mi desenfrenado instinto dominante  y controlador, cual voz dentro de mi cabeza, me cuestionaba el porque de esta receta. Porque no invitar a ese animal a comer arriba?

Seria mi acto de dominio de la situación. Mi declaración de Sapiens ante el pez. Ordenandole a donde quiero que coma.

Así lo hice.

Ate a mi tippet una Madame X con patas negras, desoyendo lo que la trucha estaba haciendo.

Primer presentación y la seca navega perfecta sobre la linea visual del pez. Y nada. Cinco presentaciones y ella seguía sin darle importancia a mi invitación. Sexta presentación y su indiferencia era sin mas una declaración de batalla. Y se fueron seis y la siete. Y tal vez al al décimo intento no la vi mas. Tal vez se haya asustado, tal vez se  haya ido mas arriba. Mi seca, ya no tan seca y desdeñada por el capricho se hunde en un agónico fracaso. Ya no logro verla. Intento buscarla en el fondo y levanto suavemente. es ese instante un contundente jalón arquea mi vara #1. Había engañado al pez!! Y este estaba en el fondo arraigado. Una pequeña flexión en la caña me confunde. Erróneamente interpreto una batalla. Tal vez excitado por tanta ansiedad y expectativa. Un extraño movimiento desprende mi mosca de la tensión y se suelta. En su descarga de energía, me devuelve una particular captura que con ausente elegancia vuela por los aires. Esa captura era una piedra de unos 5 centímetros que había sido capturado en una única hendidura. Una vulgar y silvestre tosca, pero particular y especial,  Cuantas veces podría intentar hacerlo sin poder lograrlo?. Esta insignificante roca sin nada especial y  una trucha de arroyo selectiva...  me enseñaron una gran lección.  Que no solo se trata de un pez, de una trucha... sino del contacto necesario con el entorno, para poder engañarlo. Mi humildad ausente de pescador determinado una mala pasada.  Esta vez el engañado fui yo.


Ese día comprendí. Ese día contemplé pleno de felicidad... que lo importante no es el trofeo, lo insignificante que resulta ser la captura en sí. Lo mediocre del número y de la cantidad. Lo valioso es la historia que te llevas en el alma para contar. Esa es mi verdad. La que me ilumina. Y ahí quedara por siempre, en mi estante de cosas valiosas. De esas que cuentan historias para amigos.
Una lección de humildad, respeto, prudencia y capacidad de contemplación,  para el resto de mi vida. END

Autor: Jorge Aguilar Rech
Edición: Jorge Aguilar Rech
Fotografia: Pablo Aguilar
Todos los Derechos Reservados
BROWN TROUT ARGENTINA
Copyright 2020

La búsqueda... Pensamientos junto al rio

Mi corazón latía fuerte. Se sienta en la boca; en mis oídos y garganta. Una especial ansiedad plagada de angustia. Se hacia difícil respirar. Este juego llamado sociedad... agobia. Este sarcástico plantel de juglares, me desalienta.  Sabiondos y suicidas, dioses, maestros de feria seguidos por un orfanatos de asnos. La ciudad, lentamente me mata. Cansado... sabia de ese lugar donde todo se limpia, todo sana. 


Una mañana, un hada  vino a buscarme. Y me fui tras de ella. Ya escucho los ruidos de la ciudad, la histeria del trajín, alejarse... mientras me devoro los kilómetros de la ruta 40 sin piedad. El dolor se hace distante cada vez mas.

Me recibe el paisaje de nuevos verdes, de nuevos cielos y un sol que brilla por demás. De vientos criminales e inoportunos que secan la boca, pero tan sinceros. Tan radicalmente elementales.

El desierto del andes es mi ambiente. Mi hogar. Donde la vida es la excepción y la muerte es la regla.


El agua pura que se abre entre la regla del absoluto poder del yermo, me inspira y me recuesta en una verde vega que nutre. Me duermo. Duermo profundamente y ahí, es donde esta la verdad.  Entre sueños me susurra: - huinca, estas de vuelta-. Al despertar, escuche nuevamente. Ahí escuche silbar del viento, y lo vi jugar con el agua, el polvo del desierto y las nubes. Olí mi tierra ausente por años, su fango,su arena, su roca.  sentí a cada expresión de vida vibrar. El sisear de las alas de los insectos, el ronco bombo de los tucus y lejanos guanacos.  Y ahi estaban las indomables truchas. Y volví a ser parte. Como ella.

Ella... tan ausente. Tan huinca al igual que yo. Tan sagrada, juzgada y profanada. Contradictoriamente sacra y pagana. 

Años de silencio en mi alma y en mis letras. Años de meditar, de observar y aprender, me desconectaron del espíritu que siempre me había unido al milagro de la vida andina y sus seres.  Hoy estoy aquí... en el camino. Hoy volví a buscar .END

Autor: Jorge Aguilar Rech
Edicion: Jorge Aguilar Rech
Fotografia: Pablo Aguilar
Todos los Derechos Reservados
BROWN TROUT ARGENTINA
Copyright 2020

Valle Hermoso. Plan B.


Entre las historias de esta temporada pasada, una de las más recordadas es la experiencia de pesca  vivida al final  de abril en el Valle Hermoso, Departamento de Malargue, Mendoza, Argentina.

Habíamos arribado al Valle una tarde temprana. A la lejanía se divisaba el Río Tordillo totalmente gris.


El ánimo del grupo sufrió un revés. Buscamos un lugar a orillas de un arroyito y armamos el campamento. Esa noche  hicimos un asado y nos acostamos. hablando que alternativas teníamos si el río venia turbio ya que la pesca sería complicada.

Al otro día, nos levantamos temprano, desayunamos y hablamos con un puestero que estaba en la veranada,  el puestero nos dijo que antes de ayer hubo una tormenta en Alta Cordillera por lo que los ríos venían turbios.


Nos dirigimos a la junta del Río Tordillo con el Cobre para ver si alguno de los dos venia claro. Al llegar a la junta de los dos ríos vimos que ambos venían totalmente turbios. Ahí mismo discutimos las variables a adoptar. Por fortuna... antes de viajar, había bajado unas imágenes satelitales del sector a mi celular. Ahí mismo me puse a investigar, cuando me di cuenta que existían varios arroyos que aportan sus aguas al Río Cobre y al Grande.


Convencí al grupo a que fuéramos investigar sin dar expectativas de éxito. Nos dirigimos a un Arroyo que queda aproximadamente a 2 horas de caminata. Cuando llegamos... el arroyo se encontraba totalmente prístino. Esta condición si bien era una excelente noticia, al estar tan clara el agua las truchas nos veían desde muy lejos. Tratamos de hacer lances largos con tippet 6x y ninfas con indicador de pique. Recorrimos un tramo con pozos y correderas, Fue una jornada muy fructífera con truchas Arco Iris de 300 gr muy agresivas con poca presión de pesca.


Al otro día, después de caminar tanto el día anterior decidimos buscar algún arroyo mas cercano al campamento, ya que el Río Grande seguía muy turbio.


Encontramos un arroyito que es cortado por uno de los vados del camino y nos internamos hacia la montaña, al poco andar, ya empezamos a ver actividad en superficie. Decidimos tirar una imitación de terrestres. Lo difícil era embocarle al arroyito que no tenia mas de 1.5 m de ancho con muchas lamas… en definitiva debíamos colocar la imitación de saltamontes en un hilo de agua de no mas de 60 cm desde 8 metros de distancia.


Tiro que podíamos presentar en dicho hilo de agua teníamos éxito con piques.

En definitiva, es bueno tener un panorama del lugar que uno visita, llevar si es posible equipos diferentes...  para tener  chances, si no se dan las condiciones que uno esperaba del pesquero.


Un viaje de pesca es una aventura. Por eso nunca hay que tomarlo como un tramite y siempre tener un plan B. Ya que lo importante es el viaje, compartir con los compañeros de pesca, explorar lugares nuevos y por ultimo tener un pez al extremo de la línea. Para mí el éxito de un viaje de pesca no se mide en cantidad de peces, sino en vivencias adquiridas. END

Autor: Anibal Espronceda 
Fotografía: Anibal Espronceda
Edicion: Jorge Aguilar Rech
BROWN TROUT ARGENTINA
Copyright 2019
Todos los Derechos Reservados


Aquellos que siguen pescando con nosotros.

No hace mucho tiempo, hará cosa de dos años, nos dispusimos a hacer una salida de pesca por el día, el destino no era muy importante, cualquiera de ustedes comprenderá que eso suele suceder cuando la esencia de la salida es la experiencia compartida y no la pesca en sí. La organización era sencilla, un vehículo, tres pescadores, un sector de arroyo de no más de 2 o 3 kilómetros y unos choripanes para el almuerzo. Hasta acá nada fuera de lo habitual.


Ya en la víspera de la salida los preparativos no presentaban mayor dificultad, una mochila con lo necesario, la caña, un pinche para los chorizos, pan y el tanque lleno de la camioneta. Me levante temprano y luego de pegarme una ducha, mientras me tomaba un café, iba repasando todo mentalmente a fin de no olvidarme nada, pase a buscar a Cristian y nos dirigimos a Uspallata al encuentro de Agustín. 


Nuestro destino era un arroyo de la zona, lo conocíamos bien y habíamos estado en contacto durante la semana por lo que sabíamos que nos iba a acompañar el buen clima durante la jornada. Luego de recoger a Agustín llegamos a nuestro destino e inmediatamente comenzamos a preparar nuestras cañas y mochilas de marcha mientras nos poníamos al día ya que hacía varias semanas que no nos veíamos ni conversábamos con la tranquilidad de quien se sabe con tiempo.
  

Sinceramente no tengo un vívido recuerdo de la pesca de ese día, no podría yo decir si las capturas fueron buenas o fueron muchas, solo puedo describir esa sensación de plenitud y felicidad que se experimenta al estar con amigos en paz, en un lugar sin ruido, en un lugar sin tiempo, en un lugar donde se puede escuchar lo que uno piensa y bajar las revoluciones mentales que nos aturden.

Terminamos el día y luego de unos choris cargamos todo a la camioneta y emprendimos el regreso, charlamos los tres un poco más y dejamos a primero a Agustín entre despedidas y planes para la próxima salida.

Trece días después, un lunes a la mañana, recibía una llamada diciéndome que Agustín había fallecido en un accidente de tránsito. No hubo nada que me hubiera podido advertir o preparar para ese momento. Uno nunca piensa en ese tipo de cosas, uno nunca espera que las personas excepcionales que nos rodean se vayan de un día para el otro, uno no acepta la irreversibilidad de ciertas cosas.


Tarde muchos meses en volver a empuñar una caña. No me pregunten por que, era solo una enorme tristeza, un agujero pesado en el pecho, una negación infantil que me mantenía alejado de aquellos lugares en los que en mis recuerdos estaba mi amigo.

Eventualmente volví a caminar la vera de un arroyo y me encontré divagando y pensando en Agustín, maldiciendo por su ausencia sintiéndolo presente y eso me llevo a entender como en nuestra vida nos acompañan los ausentes. Es así como en la inmensidad de la montaña, en la soledad del pescador, en el silencio a gritos de la naturaleza, siento a mi amigo ausente cerca, y mucho más cuando pesco. END

Autor: Pablo Borel
Fotografía: Pablo Borel
Edicion: Jorge Aguilar Rech
Todos los Derechos Reservados
BROWN TROUT ARGENTINA
Copyright 2019

La vieja del Arroyo

Pescar en sitios prístinos es algo único. Lejos de lo mundano, lo cotidiano, lo tan humano. Es ahí... donde la flora y la fauna encuentra su sitio. Es ahí donde las truchas del arroyo pueden desarrollarse lejos de la depredación y la contaminación. Es justo ahí, donde el arroyo se permite desarrollar los especímenes mas grandes y regalarle la providencia del valioso tiempo... convertirlos en viejos.

Comenzamos el día diciembre muy temprano. Apenas la noche se desprendía de las sombras dando lugar a las primeras siluetas tornasoladas de la luz matutina. Tres amigos... querían  pescar donde pocos habían llegado. Así me dispuse a guiarlos a lo mas recóndito del arroyo. Donde hacía unos meses había explorado con mi equipo y había relevado truchas enormes.

Un corto viaje, de esos que la charla entre pescadores puede experimentar, nos ponía entre caminos enmarcados entre viñedos, arboledas  de tilos y álamos  que conformaban paisajes perfectos. Los caballos listos para la partida recibían al grupo de mosqueros. Entre pequeñas huellas marcadas cabalgamos tres horas bajo un cielo perfecto y un sol abrasador. Pintado para nosotros, solo como la Pacha Mama lo puede hacer en mis cielos andinos. 


Sedientos y  adormecidos por el trayecto, llegamos al páramo apenas visitado por personas. Habíamos pasado tranqueras, alambrados y nos habíamos abierto paso por monte virgen y espinoso a valor de machete. La media mañana nos animaba a recomponer el cuerpo y a preparar el equipo para una de las jornadas de pesca mas especiales que se puedan vivir en un arroyo andino. Una tarde de secas, ninfas y técnicas modernas de tensión.

Los clastos del arroyo nos mostraban una gran cantidad, variedad y calidad de comida excepcional.  Ephemeropteras de unos 5 milímetros, Plecópteros en abundancia. En el aire langostas, caddis y tábanos. La temperatura rondaba los 28 Cº en el aire y en el agua  12º C. Un arroyo estructurado y con el nivel, la inclinación y velocidad perfectas.  La presión atmosférica estable.  Todo me decía que iba a ser una gran jornada de pesca, de esas que no tienen comparación y son un hito en las historias de pesca de cada uno de nosotros. 

Armamos equipos muy livianos entre #2 y #3 con líderes de 9 pies y delicados tippets de fluorocarbón #6. Nuestras moscas en dos equipos serían Pheasant Tail en anzuelo #16 y Hare Ear en alambre 18. El tercer equipo, Fernando lo trabajaría a tensión con una mosca tungsteno en el extremo del tippet y una ninfa de Ephemera.  Comenzamos las tareas con ninfas, trayendo algunas capturas de Fontinallis medianas. Muy combativas y evidentemente sanas. 


Estaba bien la tasa de capturas, pero no era ni lo próximo a lo que había testeado hace unos meses.  Continuamente corroborando cambios en el ambiente, como luz, temperatura y profundidad cambiamos de estrategia y atamos en el leader una Prince Tungsten Beads Head en anzuelo #16.  Metros más arriba y trabajando la ninfa un poco mas profundo y en emergencia rio abajo, los tamaños mejoraron sustancialmente. El sensible ajuste fue la diferencia. 


Una de las técnicas más exquisitas que pudimos experimentar fue la de secas terrestres. Pablo ató en su 7x una langosta. Present en un pool perfecto y amplio. A ella acudió una preciosa trucha Fontinallis, a la que Pablo respondió con una efectiva clavada. Una lucha impecable a lo largo del pozo, y en unos segundo estuvo encallada en el borde suave de la arena. Fue gratificante ver a Pablo, luego de muchos esfuerzos y con  una técnica trabajada y ensayada, lograr una Fontinallis.


Joan mientras tanto, se cuestionaba la eficiencia de la técnica implementada sobre ninfas. Nuevamente subimos arroyo arriba y detectamos un líes perfecto. Una gigante roca monolítica debajo de la cual, se incrustaba una corredera, provocando un remolino y un pool perfecto. Era necesario un preciso cast en donde la roca se sumerge en el agua, para que el vórtice, impulsara la ninfa hacia la laminar del lecho, donde seguramente vivía un gran pez.  Presenta la ninfa un par de veces y logra hundirse. Unos segundos y siente una tomada muy atípica. Profunda y contundente. La caña en alto al máximo, donde los brazos ya no alcanzan mantenía tensa y controlada la captura. En un instante se muestra en la superficie del pozon y se sacude frenéticamente para volver a la profundidad de la estructura. Ahí la vimos... negra y enorme. Requería cuidarla al máximo. Su edad avanzada la convertía en un icono, en una súper trucha de arroyo que debía ser devuelta por una cuestión de respeto y gratitud, por una cuestión de admiración a la capacidad del animal a sobrevivir en Los Andes y sus inclementes condiciones. Unos segundos de lucha muy cuidada y estaba en el copo. Perfecta, nutrida y fuerte. Solo agradecíamos al pez, por honrarnos... por darnos la posibilidad de tenerla en nuestras manos.


En ese instante emprendíamos en donde estábamos y la dimensión de lo experimentado. Estábamos pescando en un lugar ajeno a las presiones y pretensiones humanas. Donde el tiempo es el premio a los mejores.

Fernando, desarrollaba estrategias puntuales donde el agua era espumosa y las corrientes mas rápidas. Con tensión podía llegar a la laminar donde el pez estaba posicionado, llevándole la mosca a su área cercana. Muchas Fontinallis acudían a sus moscas. Invariablemente a la mosca lastre o a su ninfa de Hare Ear.

Por la gran generosidad del ambiente, por las condiciones generales del día y la tarea bien hecha de Fernando, una Arco Iris gigante toma su mosca. Nuestras truchas de arroyo no las medimos en gramos... las medimos por sus años de supervivencia, por su irreverente empeño en mantenerse vivas donde la vida misma es una excepción. Aquí... el premio a los mas fuertes. 


Bajamos exhaustos, por la generosa pesca, los kilómetros recorridos, el sol abrasador y la rosa mosqueta cerrada que nos exigía la indolencia. Ya entre sombras serias y brisas perfumadas de Tomillitos. Con el cuerpo cansado y el alma reconfortada por cada una de las capturas. END


Autor: Jorge Aguilar Rech. IFF Guide.                                              Fotografía: Sur Outfitters Flyfishing/ Joan Fernandez.          Edición: Benjamín Aguilar Rech                              Agradecimientos: Joan Fernandez, Pablo Drazewski, Fernando Bressan y a Sur Outfitters Flyfishing                                          Todos los derechos reservados                                             BROWN TROUT ARGENTINA                                                     Copyright 2019.







San Pablo y la Cofradía de la Rosa Mosqueta.

Siempre he sostenido que el universo se organiza en un perfecto equilibrio entre paramentos opuestos. El día y la noche, el fuego y el agua, el verano  el invierno, la luz y la oscuridad, el bien y el mal, lo bueno... lo malo. Uno en contraposición del otro, solo  para darse existencia y valor a cada uno.

Así... en mis 40 y tantos, he podido meditar sobre esta relación de equilibrio y ponderar la existencia de ambos. El Yin y el Yan... en un continuo ciclo de creación. Tan importante el uno como el otro, en un pulsar continuo de vida.


Puedo contemplar algo considerado como malo para algunos como el motor, el iniciador y potenciador de algo bueno para otros. Y a veces... solo para mí.  Así como el fuego... que somete en su quimera de muerte al árbol,  pero ese calor, otorga cobijo vital, alimento y refugio para el hombre.

Esta historia relata el romance del arroyo, el pez y la rosa. La odiada rosa mosqueta. Malquerida, combatida y despreciada invasora que cierra los accesos a nuestros arroyos. Rasgando las vestimentas mas logradas,  lastimando los cueros mas curtidos. A la vez, de frutos piadosos...  que con sus aceites cura.  Pero quizás lo mas importante... es el que ella, se constituye como guardiana de los mismos ambientes donde se desarrolla.  Protectora de los todos seres vivos que en ella habitan. Es hogar de ratoncitos, víboras coral  y de la cruz, de búhos y jilgueros.



En San Pablo, la Rosa Mosqueta abunda. Esta situación tan limitante, evita la pesca indiscriminada e ignorante de los que solo pescan para tener.

El arroyo es libre, pretencioso, fresco y transparente. Encierra entre sauces llorones, juncales y cortaderas a sus truchas perfectas, gordas y furiosas. Esta simbiosis, donde el pescador simplemente es el atrvido invasor,  lo he llamado la Cofradía de la Rosa Mosqueta. Tan intensa como interesante, tan prepotente como bella.


El agua  transpira desde las vegas casi imperceptible,  entre piedras y mallines verdes se hace el arroyo. Vegas que murmuran en las noches, liberando el agua prisionera desde cavernoso subsuelo. Es un espectáculo de otro mundo,  escuchar cuando uno se dispone a dormir en su costa, el rumor del agua subterránea subiendo, que hace temblar el suelo de la vega.


San Pablo existe también, entre voces Huarpes de conanas, de extrañas formas en las piedra y refugios ocultos. Una  indiada que huía de las avanzadas incas esclavizadoras.  De mineros del talco y  asbesto. De caminos borrados por el tiempo. De gauchos, maderas y fierro*. San Pablo existe entre montañas pintadas de verdes secos, rojos y amarillos. Llena de vacas y novillos. Inundada de perfumes de Zampas y Tomillos. Vibra el paisaje con los augurios de Cóndor, de siseos de ratones, tordos, aucas y explosiones de patos del torrente. Tambien, garzas enormes que fuera de escala surcan el vallecito, centenares de golondrinas y teros.

El arroyo, inocente lame el lecho de pedregullo y  laderas del campo, con su lengua de brillos prestados del cielo. Paladar de marrones y verdes con la brutal sinceridad de lo traslúcido. Su suicida impulso es el yan... el lado bueno. Esa es su identidad, su elemento. La Rosa Mosqueta, lo guarda ante esta irresponsabilidad, con recelo y así cuidad a sus truchas. El punzante arbusto, que con uñas y dientes apaña estas criaturas. Es ella la parte oscura, es el yan. En ese pulsar de lo bueno y lo malo, fluye en una línea continua.

Pescar aquí, solo para los que entendemos esta esencia es un ritual pleno. Ajena a los triunfos, a los egos, a los verdades absolutas y a las recetas... todo tiene su instante de perfecto anclaje en la línea del tiempo y del espacio.

En San Pablo triunfa la experiencia sensorial del arroyo, la naturaleza, el pescador y el pez. Es la  intensa  esencia de pescar con mosca.



Requiere astucia, sigilo, resistencia física y pulida técnica. Su agua está transparente todo el año y no perdona desprolijidades. Las primaveras están impregnadas de aromas de humedad, adormecen de insectos el aire. La vida nace desde el letargo del invierno en forma  tímida.  Comienzan a producirse tormentas eléctricas que lo visten de nubes pulposas y ecos.  


Las corrientes cada vez mas cálidas,  arrastran el nubeiro por el vallecito, sosteniendo a bandadas de cóndores, que traerán las buenas noticias. Miles de Escarabajos, Mariposas, diminutas Midges, Caddis y Moscas de Mayo pululan por el aire. Las truchas grandes, que hace unos días estaban en el curso superior desovando, vuelven lentamente a sus pozos, dejándose caer corriente abajo. El ciclo comienza nuevamente posicionando a  cada individuo acorde a su jerarquía y tamaño. Bajo el agua, Efemeras,Tricópteros y Plecópteros se adhieren en las piedras. Es época de ninfas principalmente.


Las imitaciones de Tricópteros, Prince, Pheasant Tail y Hare Ear son las preferidas. Aunque  ninguna se negaría a alguna Caddis. Las truchas en esta época, están ávidas de comer para ganar el peso perdido.
revela su secreto*. Secreto que lo une al universo y hace que su minúscula existencia se conecte con el todo.  La aguas bajo tierra,  son  su alma, la que se pone generosa durante las noches de luna nueva. Vibra en un nirvana acuoso,  hinchando su caudal, lo transforma en una zamba, que invita a las  rocas de la rivera a formar profundos pozos. Las vegas y pozones del arroyito... son un lugar mágico.

El verano es tiempo de langostas. Con altas temperaturas en al agua, las truchas se pegan a los fondos del arroyo. Ninfas muy pesadas, donde es necesario evitar el drag indefectiblemente por la cantidad de agua que recibe el arroyo. Época de Odonatos junto a los juncales, ninfas de Tricópteros y Hare Ears con grandes cabezas. En algunos pozones, las grandes secas, son irresistibles.

El verano es largo, pero los primeros descensos de temperatura se marcan en abril. Ya otoño y las cumbres comienzan a cubrirse lentamente de nieve. Las quebradas se ponen serias mas temprano. Las langostas persisten en su fragmentado enjambre. En este momento, las grandes truchas ses animan a salir del fondo y suben a comer infructuosamente. Son las últimas horas antes del llamado vital a los cursos superiores.


Los gélidos inviernos lo visten de blanco, inmaterializado todo el entorno.  Pescar durante el invierno, es uno de los desafíos mas grandes.  Más alla de soportar el hielo, la nieve,  lluvia y la brisa helada, hallamos a truchas muy sensibles y selectivas.  Es época de desove y ascenso.  Siempre invisibles... casi pegadas al lecho, es casi la excepción que tomen una mosca. Es necesario desplegar al máximo las técnicas de precisión y presentación. Las  moscas mas ataviadas son las preferidas, grandes hackles, biots, patas de goma y cabezas de tungsteno son recomendadas.


El ciclo continuo y eterno del arroyo de montaña y sus seres, del pescador con mosca y su ansia de descubrir a esa trucha, luchando contra la implacable rosa, adalid de esta sagrada cofradía, venciendo al hielo y la altura, el sol abrasador y la sequía,  es la historia de supervivencia, la historia entre la milagrosa vida y la inevitable muerte... que es la escencia de la pesca con mosca andina. END

Autor: Jorge Aguilar Rech
Edicion: Jorge Aguilar Rech
Fotografía: Pablo Aguilar Quiroga/ Jorge Aguilar Rech
BROWN TROUT ARGENTINA.
Copyright 2018
Todos los Derechos Reservados
Agradecimiento Especial a SUR OUTFITTERS, Fergus y John Kelley y a Walter Sibiglia