La escencia...

Consideramos al relato de una experiencia de pesca con mosca, como algo extremadamente sensorial. Desde lo visual y literario, cada salida de pesca se expresa libre de egoísmos, despojados de los espejismos de las recetas y con la permanente e inefable búsqueda de lo bueno, lo puro y perfecto.

Potrerillos. Pescando las Marrones doradas de invierno.


Pareciera que todo en Mendoza en los meses fríos se tiñe de amarillo oro. Los verdes del solsticio de verano comienzan a teñirse de amarillos, ocres y oro perfumando nuestras calles y acequias de tites de madera y hojas secas. Con el mantras incansable del canto de nuestras acequias. Por aquí corren duendes del agua que nacieron en el hielo de las montañas. Esos mismos duendes son los que en el valle de Potrerillos cuidan y protegen a nuestras enormes truchas marrones.

Duendes de oro que le dan tinte al cuero salmonido. En estos días de poca luz y pocos grados, las marrones de Potrerillos comienzan a manifestarse. Son grandes con un carácter fuerte y combativo.  

Las hallamos colmadas de ovas o espermáticas en pleno frenesí reproductivo. Nuestras moscas intentan imitar a Dragons o similar pequeñas mojarras intentando pincharlas.

En el mediodía mendocino con escasos grados pero mucha motivación salimos rumbo a Potrerillos con Ramiro Llosa y Germán Gil, rumbo al oeste por la Ruta 7. Nuestro primer destino era pescar la costa norte. A la altura del viejo puente ferroviario cruzamos el Rio Mendoza con rumbo a la Quebrada del Toro. Encontramos que agua y las ladera forman extensas bahías con profundos pozones. Aquí es donde viven nuestras marrones.


Con la intención de calmar nuestros instintos culinarios, Ramiro preparaba un pollo al disco. Mientras ensamblábamos nuestras #5 e inflábamos nuestros Float Tubes. Como estrategia planeábamos flotar las costas y hundir plumas con 150 Grains. Ramiro, nos había recomendado un atado de su autoría, un Woolly Buger con Cristal Flash y Beat Head, en alambre 10 intentando imitar con ella el brillo de una escama de aleviar o escama o simplemente irritar.

Cerca de la orilla comenzaron los piques. Ramiro entabla pelea con una arco iris de unos 800 gramos. Tras minutos de lucha logrado zafarse; dejándolo con las manos vacías. El viento, ahora insipiente, nos intentaba llevar al oeste. Así fuimos dibujando la bahía. En un momento la vara de Ramiro se arquea su musculo atento responde y comienza a librar su segunda batalla. Ahora ne lo profundo, abajo. Toda la tencion indicaba el tinte de su cuero marrón, la intensidad de los espasmos era enorme, las corridas a lo profundo muy pronunciadas. Denotaban su robustez y raza. Luego de unos minutos los 1700 gramos se hicieron en la superficie. Entrando en la red del copo, regurgitando mojarras.


El frio nos congelaba el animo cuando las dieciocho horas se hacían en nuestro reloj. Después de algunas horas en el agua, ningún traje térmico responde. Quizás es mas fiel el gran entusiasmo, y la motivación que nos lleva a pescar con tan pocos grados de temperatura. Retornando a  contravento íbamos haciendo algunos lanzamientos determinados. Descubrimos una excelente bahía colmada de vegetación y enormes mojarras que se veían entre nosotros.

Germán decide atar un Zonker en alambre 5. Tira hacia la orilla y en su segundo intento siente una tomada. Que inmediatamente se traduce en una batalla. Con los brazos arriba la batalla se extendía por unos minutos, era otra marrón que cerraba con su devolución las horas de la luz. 


Desembarcamos en la orilla y unos mates oportunos intentaban calentar nuestra congelada sangre. Era hora del retorno, soñando con la promesa del nuevo día. 

El nuevo amanecer abría los sueños de la segunda jornada de pesca. La montaña cercana nevada a pleno y las heladas brisas del oeste, nos postergaban la hora de mojarnos nuevamente. Los waders aún mojados no querían hacernos fácil la tarea. Ante toda adversidad las ganas se imponían. Hoy buscaríamos la más grande, decidimos como estrategia del día pescar la zona sur en el sitio del Bosquesito. Sosteníamos la misma idea de hundimiento y dada la temperatura y la incidencia inminente de la luz nocturna, utilizar las mismas moscas de la jornada anterior. La brisa amiga, hoy un poco mas vehemente nos llevaba cada vez más cerca de los árboles.


Germán, aprovechando esta situación hace un lanzamiento hacia unos arboles hundidos. Apenas deja hundir trae con pequeños tirones e inmediatamente una tomada enorme ataca su mosca, una corrida veloz y extensa hacia los troncos le sacaba línea haciendo rugir el reel, que hacia ecos en el bosque.


Los minutos se extendían para llevar la captura a sus manos. Finalmente una bella marrón se mostraba al sol tenua, con brillos dorados. Fue devuelta al agua inmediatamente. Brindábamos todos con un Chivas Regal de 12 años que intentaba darnos calor nuevamente. La tarde se iba cerrando y no hubieron nuevas capturas. El frío y una indiscutible pinchadura en mi wader me adelantaba el el retorno. En la costa y una vez seco, preparaba un café caliente para Nicolás, Germán y Ramiro. Quienes llegaban a la costa en primeros minutos de la noche. Abrazando las tazas de café, calentábamos nuestra manos. El aire se inundaba de los relatos de hoy y los recuerdos de ayer. Las ganas de volver a pescar Potrerillos buscando las gigantes doradas de nuestros sueños.END

Autor: Jorge Aguilar Rech
Edición: Jorge Aguilar Rech / Benjamín Aguilar
Fotografía: Germán Gil / Ramiro Llosa

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Todos los derechos reservados.

Pensamientos junto al río. Somos agua.




Somos parte del universo, somos parte de todo lo creado. Le pertenecemos a él... a nuestra tierra. 


Solo podemos observar como el mismo universo, se manifiesta ante nuestros ojos. Habla  con el mismo idioma, se expresa con las mismas formas. Las venas y arterias de nuestro cuerpo son los ríos y arroyos de nuestra tierra.


Todos los seres vivos, nacen del agua. Somos agua. Somos seres de agua.  Hermanados por ella, con todo lo existente. Nuestros animales, nuestras plantas, son hermanos en este curso de agua. 


El pez que pinchamos, deberíamos tratarlo en consecuencia. Y si su destino es alimentarnos... agradecer su sacrificio con respeto. END






Autor: Jorge Aguilar Rech.
Fotografía: Sergio Vicente.
Edición: Jorge Aguilar Rech.
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El Río Mendoza. El río maldito.

Al río maldito... lo amo; lo admiro y lo cuido. Pero creo que está maldito. Maldito por su vulnerabilidad, por su  admirable, extraña, mundana y desesperada belleza. En algunos cuadros... parece contar historias del pasado, de fantasmas de hierro, usinas y trenes. Quizás este maldito, por estar tan cerca de nuestra humana maldad. Nuestra incoherencia ambiental ... nuestra sordera a la conciencia. 

El maldito de los ríos, se deja arrebatar a sus hijos adoptivos  de escamas, por los que matan y matan por centenares. Y nosotros... los pescadores con mosca, devolvemos quizás, las truchas que los otros matan. Cuidamos, el río que otros contaminan y asfixian con diques asesinos.

Me consuelo, sentado en la sombra de una piedra y me digo a mis adentros.... serán estos, los Osos del Hemisferio Sur. Será que tal vez... nada escapa al viral instinto humano. Al incontenible afán de poseer, de ganar... de darse trofeos.

Es la primera vez en años... que veo, a tres jinetes arrebatando truchas con redes a la altura del cuidado Arroyo El Alumbre. La manos, las redes y los caballos, del infierno. Actitud tan humana, que igualmente...  maldigo.

Dias atrás... habíamos estado pescando con Nicolás y el  iniciado  Marcelo Domizi, con unas capturas fabulosas, a la altura del puente de hierro de Potrerillos, en la estación del mismo nombre a mas de 1.335 m.s.n.m. Buscando lo perfecto, lo sano, lo justo. 


Buscando honrar a la tierra, que nos dá... bajo toda adversa condición; la vida. Ese sensible hilo que une a la expresión vital en las tierras y aguas andinas. Por eso... somos sutiles. Para honrar la vida.

Salimos de la Ciudad de Mendoza, tarde. Mas allá de la media, comiendo distendidos al llegar a la Estación Potrerillos.  Finas cecinas, quesos y pan casero,nos daban ánimo para iniciar la jornada vespertina.  Ahí estábamos... junto al férreo trazado del ferrocarril, armando nuestras varas # 1 y # 3. 


Nos acercamos al río, descubriendo su grado 5... ideal. Totalmente transparente y premonitor. Las piedras mudas del río... no nos hablaban. Solo humildes tricópteras despabilaban de los brillantes clastos.

Sabíamos... a las claras que debíamos imitar una tricópteras desprendida de algún pedregullo; en lo profundo.  Un trabajo lento.  Casi sin moverla y que profundice. Así, fue la técnica para mi Hare Ear Rubber Legs con Bead Head. 


Ya en lo profundísimo de un verde pozón... un contundente y leve espasmo denuncia al músculo, y aviva a la mente, con un pique. Una bella Arco Iris mostraba su vientre blanco, y se iba a lo profundo a pelearme. Abajo, tomaba la corriente,  para intentar zafarse de mi alambre #14. Minutos de lucha, la llevaban a la costa sin agua para encallar en mis manos. Una hermosa hembra de unos 50 cm, robusta por 1000 gramos y pintada apenas. Me encantaba con sus bellezas. Me databa su origen de recién llegada al lugar.




Devolverla al agua... expiaría mis culpas, lavaría mis manos que no serian manchadas, y haríamos las paces con el vientre materno del río. Mañana... se romperían mis ilusiones... mañana seria el maldito.


Metros mas arriba, mi emoción electrificaba la línea de flote... aun, cuando me propongo trabajar un gran pozon y permitir que mi mosca ascienda y descienda en un gran remolino. Impacto descomunal hacia abajo me irritaba la adrenalina. Increíbles y fuertes espasmos repetían la experiencia de la captura anterior. La virulencia de arqueo de la vara, me lanzaba a imaginar su volumen mucho superior. Su plata salmonado, me deslumbraba. Hasta me era difícil hacer foco sin quemar la exposición al brillo del sol. Mi residente era mucha mas grande... y de perfecta escama.




El anti río, algunos le dicen. Quizas sea el Mendoza, un río que desconcierta a lo establecido. Las tecnicas a emplear, son cambiantes, como el río mismo. Para tener captura, hay que leerlas a tiempo. Los lanzamientos up stream típicos no resultan muy beneficiosos. Si... lo hace, el lanzamiento a travez, apenas rio arriba, con mends positivos o proactivos para evitar el drag. Ya rio abajo, nuestra pluma deberá ser libre y profundizar. Desde abajo, comenzaremos el lento movimiento de una tricóptera, desprendida por accidente... casi nulo. Es este el disparador, cuando el agua esta en estos grados de transparencia (1º= 1m, con un maximo de 5º).


Pasaban las horas, y lejanas sombras de pescadores, nos acortaban la subida. Las brizas frescas de la tarde, se mezclaban con el caliente aliento del Zonda.  Y el hambre nos llamaba a regresar.  En la camioneta, las varas descansaban en sus tubos y nuestras almas esperaban el día de mañana... para seguir pescando.


El segundo día de pesca amanecía con el oeste borroso de tierra. Las líneas de la montaña, eran solo una sombra impresionista. Nos animamos y nos adentramos al polvo. El trayecto nos sorprendería, dado que en Potrerillos el cielo estaba limpio. El río... el río denunciaba el deshielo de las cuencas altas que habían enturbiado su manto de agua. Aun así, estábamos dispuestos a aceptar la condicionante. 


Bajamos con nuestras varas y el río nos mostraba su grado tres... de transparencia. Probamos las Hare Ear, sin tener muchos resultados. En una de las correderas trabajando una de mis moscas con gran lentitud, asoma un lomo, que se retuerce y muestra su vientre blanco, y se sumerge en lo profundo del pozon. Decenas de intentos mas... no me daban captura.





Continuábamos pozón y correderas mas arriba. La turbidez del Mendoza, nos iban dejando con las varas tiesas y las manos sin capturas. Decidimos entonces... bajar, sin pescar hasta el la formación donde había vistos a la Arco Iris, tomar la Hare Ear. Cediendo el turno a Sebastian, lanza corriente a través y deja a deriva natural, profundizar la mosca. La tomada fue inminente y fuerte. La lucha le traía a sus manos la única captura de la tarde.


La belleza de este río... su eternidad; lo efímero y temperamental, lo hace extremadamente bello. Extraño e intrigante. Capaz de albergar en sus profundos verdines, truchas de mas de 4 kg.  Ese carácter lo hace adictivo, durante los únicos meses que se halla pescable.


Decidimos entonces cerrar la jornada. Cansados, abatidos por la tarde y con ausencia de emociones... regresábamos.  


A lo lejos, cual Quijote... vislumbro su maldición. La maldicion de mi río. Tan cercano a todo que nuestras manos mismas, lo secan, lo contaminan, lo vacian de vida. El Gigante de la falta de controles y el incumplimiento de las leyes por parte de esa gente que cree que el ser humildes, lo habilita a todo. Caballos con redes y manos piratas. En el lecho mismo de mi río. Predadores de lo nuestro buscando ventaja en la mansedumbre de la tarde. Centenas de kilos de truchas en andrajosas bolsas... serán llevadas a quien sabe donde. 


La impotencia de nuestras miradas... se sellaba en un puño apretado que ya no lucha. Reflexiono... quizás, lo nuestro ya no sea pesca. Es una sofisticada poesía que ronda entre el ego, el romance, el dolor y el dominio. Quizás... nuestra razón, nos haya convertido en bulimicos del río. 


Bajo la cabeza y los miro. Un extraño gesto en mi cara. Me doy vuelta respirando el dolor. Vuelvo a casa despojado y confundido. Convencido de que devolvemos las truchas que otros depredan. END





Autor: Jorge Aguilar Rech.
Edición: Jorge Aguilar Rech.
Fotografía: Jorge Aguilar Rech
Sebastián Pagano/Nicolás Aguilar.
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